La confianza es un fruto que nace de una experiencia de amor

01/11/2011

No se confía en alguien de forma mágica

La confianza es un fruto que nace de una experiencia de amor del encuentro de dos personas. Para confiar es preciso encontrarse con el otro. Cuando hablo de encuentro me acuerdo de las experiencias, de los encuentros de Jesús con tantas personas: María Magdalena, Zaqueo, Bartimeo, Pedro… Es el encuentro que nace del amor gratuito capaz de ver a la persona en aquello que la hace única e irrepetible. Un encuentro de amor que evoca lo mejor del otro que sale para fuera. Sí es verdad, el amor es la única fuerza capaz de percibir e intuir lo que el otro tiene de mejor, eso que tantas veces está escondido y que sólo quien ama es capaz de percibir. La confianza nace de esa relación de encuentro de amor. Es un encuentro que nace en el taller de la vida. Jesús fue encontrándose con las personas en el camino. Es en la caminata de nuestra existencia que vamos encontrándonos con las personas.
Es necesario una apertura interior y disposición para recibir a todos a quienes la Divina Providencia va colocando a nuestro lado: en la familia, en la escuela, en el grupo, en la comunidad, en el trabajo, finalmente, en todas las situaciones que vivimos.Para confiar es necesario tiempo.
En nuestra comunidad, el Mons. Jonas usa algunas palabras fuertes: “… es necesario sangre, sudor y lágrimas”. No se confía en alguien de forma mágica, es preciso conocer al otro y darse a conocer. Es preciso conversaciones transparentes, aceptación de las diferencias, recepción, paciencia. Confiar es una conquista! Conquista que exige de tu corazón apertura. Confiar implica amar en la gratuidad. Ricardo Sá dice que cuando el amor es maduro acepta a todos.
Confiar pasa por el proceso de aceptación de lo que el otro es, aún con sus límites y defectos. Tal vez tú te hagas esta pregunta: ¿Como confiar cuando fuimos traicionados? Siento que la confianza está muy conectada al perdón. Es preciso coraje para pedir y dar perdón. Jesús nos enseñó en lo alto de la cruz cuando pidió al Padre que perdonara aquellos que estaban crucificándolo. Él dijo: “Ellos no saben lo que hacen”. Necesitamos tener esta mirada de Jesús, que acepta, recibe y es capaz de ir además de la situación, es capaz de ver a la persona por entero. Es capaz de recomenzar siempre.

Confiar en el otro exige de nosotros una actitud creciente de recomenzar siempre, aún cuando haya sido traicionado, traicionada. No es cosa fácil, es un trabajo interior, exige lucidez delante de los hechos y autodominio en los sentimientos. Es necesario una seria caminata de conversión. He hecho esta experiencia. No es cosa fácil, pero cuando se consigue se experimenta la libertad interior. El amor verdaderamente nos hace libres. Sólo el amor…

¡Confiar es amar!

Vera Lúcia Reis (Verinha)
Comunidad Canción Nueva

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