Haz las cosas pequeñas con gran amor.
No puedo parar de trabajar. Tendré toda la eternidad para descansar.
No basta con que digamos: Yo amo a Dios pero no amo a mi prójimo. San Juan dice que somos mentirosos si afirmamos que amamos a Dios y no amamos a nuestro prójimo. Es muy importante para
nosotros darse cuenta de que el amor para que sea auténtico tiene que doler.
El perdón es una decisión, no un sentimiento, porque cuando perdonamos no sentimos más la ofensa, no sentimos más rencor. Perdona, que perdonando tendrás en paz tu alma y la tendrá el que te ofendió.
El amor no puede permanecer en sí mismo. No tiene sentido. El amor tiene que ponerse en acción. Esa actividad nos llevará al servicio.
No podemos hacer grandes cosas, pero sí cosas pequeñas con un gran amor.
Si no se vive para los demás, la vida carece de sentido.
Las críticas no son otra cosa que orgullo disimulado. Un alma sincera para consigo misma nunca se rebajará a la crítica. La crítica es el cáncer del corazón.
Muchas veces basta una palabra, una mirada, un gesto para llenar el corazón del que amamos.
Empieza transformando todo lo que haces en algo bello para dios.
La revolución del amor comienza con una sonrisa. Sonríe cinco veces al día a quien en realidad no quisieras sonreír. Debes hacerlo por la paz.
Hay una cosa muy bonita: compartir la alegría de amar.
Ama hasta que te duela. Si te duele es buena señal.
A veces sentimos que lo que hacemos es tan solo una gota en el mar, pero el mar sería menos si le faltara una gota.
El fruto del silencio es la oración. El fruto de la oración es la fe. El fruto de la fe es el amor. El fruto del amor es el servicio. El fruto del servicio es la paz.










