¡La verdadera amistad nos socorre cuando menos lo esperamos!
No es necesario hablar aquí de la importancia de cultivarse las buenas amistades para ser feliz. Milan Kundera dice que “toda amista es una alianza contra la adversidad, alianza sin la cual el ser humano estaría desarmado contra los enemigos. A los amigos más nuevos les es difícil percibir esta alianza, no valorizan aun lo que se está contrayendo. Son amistades no probadas por el tiempo, no se sabe enfrentarán con solidez en las tempestades o se serán barridos en una lluvia de verano”
¡La verdadera amistad nos socorre cuando menos lo esperamos! Podemos olvidar a quien rio
con nosotros, pero nunca olvidamos a quien lloró con nosotros. Los corazones que une la tristeza permanecen unidos para siempre.
En la prosperidad los verdaderos amigos esperan ser llamados, en la adversidad, se presentan espontáneamente. La fortuna hace amigos, la desgracia prueba si estos, de hecho, existen. Es necesario saber hacer y cultivar amistades. Esto depende de cada uno de nosotros, ate todo, de nuestro desprendimiento y fidelidad al otro.
Para conquistar un amigo es necesario crear un “desierto” dentro de sí, aceptando que el otro venga a ocuparlo.
Acoger a un amigo es, en primer lugar, escuchar. Algunos mueren sin haber encontrado alguien que les haya prestado el homenaje de callarse totalmente para escucharlos. Son pocos los que saben escuchar, porque pocos están vacíos de sí mismos, y su “yo” hace mucho ruido. Si tú saber escuchar, muchos vendrán a hacerte confidencias.
Muchos se quejan de la falta de amigos, pero pocos se preocupan por realizar en sí las cualidades propias para conquistar amigos y conservarlos.
Si quieres ser agradable a las personas, háblales de los que les interesa a ellas y no de lo que te interesa a ti. La amistad se alimenta del diálogo; que es un intercambio de ideas en busca de la verdad. Muy diferente de la discusión, que es la lucha entre dos, en la cual cada uno defiende su opinión.
La verdadera amistad no puede alimentarse de la discusión, sólo del diálogo.
En vez de demostrar exhaustivamente que el amigo está equivocado, ayúdale a descubrir la verdad sobre sí mismo, esto es mucho más noble y pedagógico.
Si quieres actuar sobre tu amigo, de verdad, para que éste cambie, comienza amándolo sincera y desinteresadamente. La amistad también exige que se corrija al amigo que se equivoca, pero debemos censurar a los amigos en la intimidad, y elogiarlos en público. Nada es tan nocivo para una amistad como la crítica al amigo frente a los demás; esto lo humilla y destruye la confianza. Nunca desistas de ayudar a un amigo a vencer la batalla, no hay ni habrá alguien que haya caído tan bajo que no esté fuera del alcance del amor infinito de Dios y de nuestro socorro.
Una amistad sólo es verdadera y duradera si se basa en la fidelidad. Cuidado, pues, para que alguien se enoje son necesarios un enemigo y un amigo: el enemigo para calumniar y un “amigo” para transmitir la calumnia.
Extraído del libro “Para ser feliz” del
Profesor Felipe Aquino









