Mi madre decía que ella y mi padre nunca dormían peleados. Cuando peleaban e iban a acostarse, nunca conseguían dormir y yo tenía el coraje de preguntar: ¿Mi amor, estás despeirto? Y él respondía, medio enfadado, que “Sí”, y acababan pidiendo disculpas uno al otro. En su simplicidad, mi madre decía: “Cuando dormimos peleados, el diablo duerme en nuestro medio”.
Si no nos reconciliamos, al día siguiente la pelea “despierta” más grande. De la misma forma sucede en nuestra mente y en nuestro corazón, cuando vemos programas o videos pornográficos, o escuchamos músicas con apelos sensuales y nos vamos después a dormir. Es a través de esas cosas que el diablo invade nuestra imaginación nuestros sentimientos, destruyendo nuestra alma. Por eso, no podemos hacer esas cosas e ir para la cama como si nada hubiese sucedido.
Si al contrario, cuando rezamos, leemos la Biblia, buscamos estar en comunión con Dios, ten certeza: ¡los ángeles están con nosotros! Ellos invaden nuestra casa, nuestro corazón, nuestro espíritu y nuestra mente.
Existe una manera de estar unido a Dios durante toda la noche: acostarse con Dios, reza en la cama antes de dormir. Es como si tú pasases la noche tomado de la mano con el Señor. Así como queda toda la tentación dentro de nosotros cuando dejamos una brecha para el diablo, así, la realidad del padre, Hijo y Espíritu Santo también “duerme” unida a nosotros.
Cuando rezamos el rosario a la noche, ya acostados, a veces despertamos en medio del sueño con un Avemaría en la cabeza. Estamos, entonces, unidos a los cielos aún durante la noche. La Virgen dijo, en algunas de sus aparticiones, que cuando rezamos el rosario y termiamos durmiendo, los ángeles continuan rezando por nosotros. Tú duermes con los ángeles, al lado de la Virgen María y de Dios y el cielo está contigo.
Monseñor Jonas Abib
Fundador de la Comunidad Canción Nueva









