La felicidad está en el hogar

11/02/2011

Los momentos más felices de mi vida fueron aquellos, pocos, que pude pasar en mi casa, en el seno de mi familia” (Tomas Jefferson, expresidente de los Estados Unidos).

La mayor alegria es cosechada en la familia, cada día. La realidad que más nos acerca de la idea del paraíso es nuestro hogar. Un hombre no puede dejar al mundo una herencia mejor que la de una familia bien hecha.

Alguien ya dijo que el mundo ofrece a los hombres y a los pajaros mil lugares para posarse, pero apenas un nido. Un hombre que no es feliz en su hogar, difícilmente lo será en otro lugar.

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¿Hasta cuándo nos dejaremos engañar queriendo ir a buscar la felicidad tan lejos, si ella está bien cerca de nosotros? La familia es nuestro propio complemento. Ella es la base de la sociedad. En ella somos individuos reconocidos y amados, y no sólo un numero, un documento de identidad.

Es en nuestro seno familiar que cada persona hace su propia experiencia de amar y ser amado. Cuando la familia se destruye, toda la sociedad corre un serio riesgo, es por eso que tenemos hoy tantos jóvenes delicuentes envueltos en las drogas, en la bebida y en la violencia. Muchos están en el mundo del crimen porque no tuvieron un hogar.

Sin duda, la mayor tragedia del mundo moderno es la destrucción de la familia. Las separaciones arrasan los casamientos y, consecuentemente las familias. Los hijos pagan el precio de la separación de los padres; y ellos mismos sufren con eso. Cuando las familias estaban bien constituidas no eran tantos los jóvenes envueltos con drogas, con la violencia y con la depresión.

Mas que nunca el mundo necesita de hombres y mujeres dispuestos a constituir familias sólidas, edificadas por el matrimonio, en los cuales los esposos vivan la fidelidad conyugal y se dediquen de cuerpo y alma al bien de los hijos. Y es eso que da la felicidad al hombre y a la mujer.

Infelizmente, una mentalidad consumista, egosita y comoda se adueña del mundo y de las personas cada vez más, impidiéndoles de tener hijos y familias sólidas.

La felicidad del hogar está también en el relacionamiento saludable, fiel y amorosos de los eposos. Si fidelidad conyugal la familia no se sustenta. Esta fidelidad tiene un alto precio de renucnia a las tentaciones del mundo, pero prodce la verdadera felicidad. Marido y mujer necesitan amarse de verdad y vivir uno para el otro, totalmente, sin darse el derecho de la menos aventura fuera del hogar. Eso sería traición al otro, a los hijos y a Dios.

La felicidad tiene un precio, y en la familia tenemos que pagar el precio de la renuncia a lo que es prohibido. No te permitas a la menor intimidad con otra persona que no sea tu esposo o tu esposa. No juegues con fuego.

La gran amenaza a la familia hoy es la infidelidad conyugal; muchos maridos, y tambien esposas, traicionan a sus conyugues y traen para dentro de su hogar la propia infelicidad y la de sus hijos. Sepa que eso no compensa jamás; no destruyas en poco tiempo aquello que fue construido en años de lucha. Si destruyes a tu familia estarás destruyendo tu felicidad.

Marido y mujer necesitan vivir uno para el otro y ambos para los hijos. La felicidad de la pareja puede ser muy grande, pero eso depende de que ambos vivan la promesa del amor conyugal. Amar es construir al otro; es ayudarlo a crecer; es ayudarlo a vencer sus problemas. Amar es construir a alguien querido con el precio dea propia renuncia.

Quien no esta dispuesto a ese sacrificio nunca sabrá lo que es la felicidad de un hogar.

Prof: Felipe Aquino

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