El amor humaniza la sexualidad

21/02/2011

Amor: solamente él puede, de hecho, humanizar la sexualidad. Sin embargo, en nuestros días ese término se encuentra envuelto en una confusión en su sentido y comprensión. Muchos han reducido sólo en la

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dimensión del placer, en la especificidad del erotismo. Es cierto que esa palabra incluye también esta dimensión, sin embargo, no se encierra solamente en esta expresión.

Amor – en el sentido agápico (griego: Ágape) – significa capacidad concreta de donación en favor del otro, buscando la interacción adecuada con su verdad. Y eso también se debe aplicar en la concepción humana/erótica del amor, para que esto sea auténtico no puede existir egoísmo como única fuerza motriz.

El amor no se limita en la utilización del otro como objeto de placer sexual. Él no puede permitir la utilización momentánea y desechable de un “alguien humano” por medio de la aventura sin compromiso e irresponsable. El auténtico amor implica compromiso.

Estamos acostumbrados a oír los gritos de una sociedad que eleva la máxima potencia de necesidad de satisfacer sus propios deseos e instintos a cualquier precio, transformando, el valor de la persona y poniéndola en segundo plano. Dentro de ese universo de comprensión, el deseo, sin importar si el otro va ser utilizado como un “juguete” por unos segundos y después siendo tirado por las manos del destino.

Es el amor/compromiso que humaniza la sexualidad, de lo contrario ella se convierte solamente en egoísmo animalesco. La experiencia sexual sin amor deja de ser humana y se convierte en esclavitud instintiva.

Quien verdaderamente ama es capaz de asumir al otro por completo, con todas sus consecuencias, sin querer usarlo sólo para una satisfacción superficial.

El amor convierte humana la sexualidad y genera el compromiso – que tiene su máxima expresión en el matrimonio sacramental – y el bien necesario para que la adecuada interacción ocurra, que indica para el otro como fin y no como medios.

El ser humano posee una dignidad inviolable, él es una persona y nunca debe ser reducido como categoría de objeto.

El amor trae color y sabor a la vida, abre una primavera de sentido para toda y cualquier relación.

La virtud a la que somos llamados incluye en contemplar personas y relacionamentos desde la perspectiva del amor auténtico. Así la donación sincera por el bien inspira nuestras actitudes y nos permitirá elevar el ser a su verdadera condición: de hijo amado, querido y respetado por Dios.

Adriano Zandoná
Misionario de la Comunidad Canción Nueva

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