Cuanto más reconocemos nuestra debilidad, más tenemos la mirada misericordiosa de Dios sobre nosotros, porque el Señor vino a este mundo para los débiles y pecadores, para los enfermos y
necesitados, como él mismo dijo: “No es la gente sana la que necesita médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores” (Mc 2,17).Nosotros no estamos solos en esta vida, porque el Señor está con nosotros todos los días, en cada momento y está siempre listo para ayudarnos en nuestras necesidades, por lo tanto, “acerquémonos con plena confianza a la sede de la gracia, a fin de obtener misericordia y hallar la gracia del auxilio oportuno” (Heb 4,16).
Señor Jesús, gracias porque tú eres Dios con nosotros.
¡Jesús en Vos confió!
Luzia Santiago
Comunidad Canción Nueva










