En la oración conocemos los planes de Dios

18/01/2011

oracion1
En el momento en que tú conoces a Dios, te conoces a ti mismo

Nadie se pone bajo el sol sin quemarse y quien se expone de una forma exagerada sufrirá las consecuencias. Con Dios sucede algo semejante, porque nadie se pone en su presencia sin ser beneficiado por su presencia. Las marcas de la presencia del Todopoderoso también son irreversibles. Irreversibles para nuestra salvación.

Cuando nosotros nos dejamos guiar por el Espíritu Santo Él nos da la libertad. Nuestro Señor nunca pensó traerte cerca de Él a fin de sacarte la libertad. Si él no quería que fuéramos libres, ¿porqué nos hubiese creado libres?

Nuestra libertad se comprometió debido a nuestra culpa, porque quien peca se convierte en esclavo del pecado. Por nuestros pecados y por los vicios, que entraron en nuestras vidas, nos debilitamos. Fue para que seamos libres que el Padre del cielo nos envió a Jesús para librarnos de lo que nos amarra. Dios nos muestra cuales son los caminos que podemos seguir, pero la libertad de elegir es nuestra. El deseo del Señor es liberarte de toda angustia, de toda opresión. El mayor deseo de Él es verte feliz.

“Esta es la libertad que nos ha dado Cristo. Manténganse firmes para no caer de nuevo bajo el yugo de la esclavitud” ( Gálatas 5,1).

Cristo te amo, murió en la cruz por ti para que tú no seas esclavo del pecado. El Resucitado nos ha liberado de todo mal, de toda trampa del enemigo, para que podamos permanecer libres. Sin embargo, nadie es libre en la maldad. Una vez que el Espíritu Santo te visite no des brecha para el pecado; Él derrumba la tentación.

El Espíritu Santo nos sana y nos libera. Nadie puede saber lo que está en tu interior si no abres la boca y hablas. Rezar consiste en quedarse desnudo en la presencia de Dios altísimo. Cuando rezas te estas poniendo en la presencia del Altísimo. Cuando te sacas la ropa delante del espejo ves lo que quieres y lo que no quieres. En la hora en que estamos rezando caen nuestras ropas, espiritualmente hablando y, del mismo modo, vemos lo que queremos y lo que no queremos. Todo lo que haces de malo vuelve para ti en el momento de la oración. Las heridas que ignoramos, en la oración no conseguimos ignorarlas, porque en ese momento Dios nos revela para la sanación. En ese momento es que el Señor me muestra quien soy, Él también muestra quien es Él.

En el momento en que tú conoces a Dios, te conoces a ti mismo, por eso rezar no es cosa para cualquiera. En la oración, Dios se revela para ti. Si él revela una cosa que no es buena, es porque es necesario arreglarlo.

Tú necesitas de mucho perdón y de mucha sanación y sólo Dios puede darte estas gracias. Yo y tú necesitamos, en la oración, pedir perdón al Espíritu Santo que, nos haga entrar en nuestros corazones para descubrir lo que está mal dentro de ti. Dios que paso contigo por cada camino que has recorrido, sabe cuanto ten han hecho daño y sabe como sanar.

Nuestra vida entera es un proceso de sanación interior. Mientras tú estás con los pies aquí en la tierra tu vida va ser un proceso de sanación interior. No existe nadie que, después de rezar, Dios no le ha ya contestado. Y si Él no lo hace directamente Él lo hace a través de una persona o de un hecho.

Necesitamos aprender a escucharlo en la oración, para conocer los planes que Él tiene para nuestra vida. El Todopoderoso tiene un plan de amor, un plan de realización, un plan de felicidad, Él proyectó un camino de felicidad para ti. Muchas veces, no somos felices porque ese plan no se cumple en nuestra vida. Si tú no abres tú corazón para la oración, corres el riesgo de morir sin conocer el plan que Dios tenía para ti.

Marcio Mendes
Misionero de la Comunidad Canción Nueva

Comentarios