Hay momentos en nuestra vida que ni nosotros entendemos…
Hay momentos en nuestra vida que ni nosotros mismos entendemos, porque los acontecimientos huyen de nuestra comprensión y no se detienen para darnos explicaciones.
Ahí sólo nos resta abandonarnos en los brazos de Dios y dejarnos ser cargados por Él
La solidaridad tranquiliza el sufrimiento y trae paz para el alma. Sí, pero ¡Qué es realmente la docilidad, y qué significa abandonarse en Dios? ¿Sería entregarnos, entregar nuestra voluntad y ver pasar a la vida o pasar con la vida? No, ¡es diferente!
Diferente porque Dios no nos hace robots o marionetas. El nos hace libres y, por lo tanto, no somos obligados a nada, a menos que nuestra propia conciencia, prisionera de nuestro egoísmo, nos obligue. O sea, perdemos la libertad que tenemos cuando nosotros mismos nos volvemos prisioneros de nuestra voluntad y dejamos que el egoísmo venza. Fuera de esto, somos libres, si, libres para corresponder o no al plan de Dios.
Sabiendo que sólo seremos realmente felices dentro de la voluntad de Dios, sólo nos resta, abandonarnos con docilidad cada día y decir sí, muchas veces como María – sin entender el cómo se dará eso; pero creyendo, dando los pasos. Abrazar el desafío propuesto por el Monseñor Jonas en una de sus prédicas: “¡Caminar como si viéramos lo invisible!”
Una vez, mientras contemplaba el mar, Dios me habló mucho de abandono y docilidad. Era al final de la tarde, el mar estaba agitado y un barco era llevado por el viento y por las olas, de aquí para allá y aun así seguía firme en su curso.
Me detuve ante aquella escena maravillosa por un buen tiempo, mientras Dios me decía que docilidad y abandono son así: el barco no seguía recto y tranquilo, en la dirección deseada, al contrario, era el agitar de las olas y del viento que lo impulsaban para hacia adelante.
Así también ocurre conmigo, cuando me abandono en los planes de Dios para mi vida; voy siendo impulsada de arriba para abajo, por los vientos y por las olas, pero no me detengo, no me resisto, voy en la dirección que Dios me lleva, porque se que allá , aunque sea desconocido, es mi “Puerto Seguro”.
Dijanira Silva
Comunidad Canción Nueva










