Es necesario cuidar de la personas que están a nuestro alrededor, cuidar para que no se encuentre entre nosotros un corazón incrédulo. Muchas personas no creen en Dios por que no les enseñaron a creer. Muchos creen en los filósofos, en escritores famosos, en el piloto de avión, en políticos, en la persona que presenta el pronóstico del tiempo. A veces tenemos la fe que ,a pesar de ser algo importante en nuestro día a día, no es suficiente para mantenernos en el camino de Jesús.
“ Tomen precaución, mis hermanos, para que nadie de ustedes venga a perder interiormente la fe, al punto de abandonar al Dios vivo” ( Hb 3, 12 ). Aquí la incredulidad no está en las cosas narradas, es incredulidad en Dios, las personas creen en todo, pero parece que existe una pelea, una respuesta interior que no le permite creer en Dios; y eso puede desviarle del camino del Señor.
Jesus está invitándonos a cuidar de nuestros hermanos, no nos invita a reprenderlos. Para que ellos no se aparten del Dios vivo, nosotros necesitamos aprender a cuidarlos, no podemos vivir en el “cada uno para sí y Dios para todos”.
El Señor esta presentándonos una manera de actuar con este pasaje bíblico, porque es muy fácil dar un veredicto cuando un hermano se equivoca, juzgándolo y hablando mal de él, pero muchas veces, no hacemos nada para ayudarle a no cometer más ese error, para que no entre en depresión, para que cuide su salud y para que no pierda la fe.
Dios esta llamándonos hoy a mirar a nuestro alrededor y detectar a las personas que viven con nosotros,
Hay tiempo de cuidar a esas personas, porque ahora estás teniendo contacto con esta Palabra, y para Jesús, que es el Señor del tiempo, no existe pasado, futuro, presente, para El existe la eternidad. Ahora es hora de entregar al Señor el tiempo perdido, o el tiempo presente y el tiempo que ha de venir, siempre y cuando obedezcas esta orden: Cuidar a tu prójimo. Quien cuida es porque ama, quien ama cuida mejor.
Dunga
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