La enseñanza de la Biblia contra el aborto

03/11/2010

La Escritura en repetidas ocasiones condena la matanza de los inocentes.

Esto fluye de todo lo que, hasta el momento, se ha visto. El dedo mismo de Dios escribe sobre piedra el mandamiento “No matarás” (Exodo 20:13; Deuteronomio 5:17) y Cristo lo reafirma (Mateo 19:18 -notar que Él primero menciona este mandamiento). El Libro del Apocalipsis afirma que los asesinos no pueden entrar en el Reino de los Cielos (Apocalipsis 22: 15).

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La matanza de niños es condenada por Dios de manera particular a través de los profetas. En la tierra que Dios dió a ocupar a su pueblo, las naciones extranjeras tenían la costumbre de sacrificar en el fuego a algunos de sus niños. Dios dice a Su pueblo que ellos no deben tomar parte en este pecado. Sin embargo, sí lo hicieron, según lo narra el Salmo 106: “Sino que se mezclaron con ellos y los imitaron…Sacrificaron a sus hijos e hijas a los demonios. Derramaron sangre inocente, la sangre de sus hijos e hijas, que sacrificaron a los ídolos de Canaán; la tierra quedó manchada de sangre” (Salmo 106:35, 37-38).

De hecho, este pecado de sacrificio de niños es mencionado como una de las principales razones por las cuales el Reino de Israel fue destruido por los asirios, y su gente llevada al exilio. “Sacrificaron a sus hijos e hijas por el fuego…entonces Yavé se enojó muchísimo y los arrojó lejos de su presencia” (2 Reyes 17:17-18).

Ni tan siquiera por la “libertad religiosa” puede ser tolerada la matanza de niños.

La Biblia enseña que Dios es un Dios de justicia.

Un acto de justicia es uno de intervención a favor de los indefensos, un acto de defensa para aquéllos que son demasiado débiles para defenderse a sí mismos. Al predecir al Mesías, el Salmo 72 dice: “Florecerá en sus días la justicia…pues librará al mendigo que reclame y al pobre que no tiene quién lo ayude” (Salmo 72:7,12). Jesucristo es nuestra justicia (1 Corintios 1:30) porque Él nos rescató del pecado y de la muerte cuando no teníamos a nadie que nos ayudara (ver Romanos 5:6; Efesios 2:45).

Si Dios hace justicia por Su pueblo, espera que éstos hagan justicia los unos por los otros. “Sean compasivos, como es compasivo el Padre de ustedes” (Lucas 6:36). “Vete tú y haz lo mismo” (Lucas 10:37). “Entonces, todo lo que ustedes desearían de los demás, háganlo con ellos” (Mateo 7:12). “Que se amen los unos a los otros” (Juan 15:17).

El aborto es totalmente contrario a estas enseñanzas. Es la justicia trastornada, invertida, puesta al revés. Es la destrucción de los indefensos en lugar de ser su rescate. Si el pueblo de Dios no interviene para salvar a aquéllos cuyas vidas están siendo atacadas, no están ni agradando ni adorándolo a Él.

Dios, a través de Isaías dice: “¿Por qué vienen a profanar mi templo? Déjense de traerme ofrendas inútiles…¡Ya no soporto más sacrificios y fiestas!…Cuando rezan con las manos extendidas, aparto mis ojos para no verlos; aunque multipliquen sus plegarias, no las escucho, porque hay sangre en sus manos. ¡Lávense y purifíquense!…aprendan a hacer el bien. Busquen la justicia, den sus derechos al oprimido, hagan justicia al huérfano y defiendan a la viuda” (Isaías 1:12-17).

En verdad, aquéllos que dicen adorar a Dios, y apoyan el aborto, están cayendo en la misma contradicción del antiguo pueblo de Dios, y necesitan escuchar el mismo mensaje.

Por P. Frank A. Pavone
Fuente: Catolichispanos.com

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