El Rosario, esa oración sencilla que se desgrana en las manos de tantos bautizados, como una palabra suave y dicha casi como un secreto a la Virgen, adquiere una particular fuerza en el mes de octubre, el mes de las misiones.
En nuestro país la fuerte devoción a Nuestra Madre, nos invita en este mes a decirle lo mucho que la queremos y a conversar con Ella de nuestras alegrías e inquietudes. El Rosario Misionero es una manera de hacerlo, con el cual, a medida que vamos rezando cada uno de los misterios, podemos poner en el corazón de la Virgen la vida y necesidades de cada una de las personas del mundo entero.
Vamos recordando los misterios de la vida de Jesús, junto a la realidad de África, a la de América, como también a la de Asia, Europa y Oceanía. Cada uno de los continentes, con su historia, certezas e incertidumbres, esperan de nuestra fraterna compañía y oración. Aceptar la invitación a rezar el rosario misionero, nos puede ayudar a colocarnos ante cada una de las realidades del mundo con los mismos sentimientos de Jesús, como lo hizo la Virgen.
Si nos dejamos conmover mientras pasamos las cuentas de colores de nuestro rosario misionero empapados de cada Ave María, miraremos el mundo como nos cuenta el Evangelio que lo miró el Señor: Jesús recorría todas las ciudades y los pueblos, enseñando en las sinagogas, proclamando la Buena Noticia del Reino y curando todas las enfermedades y dolencias. Al ver a la multitud, tuvo compasión, porque estaban fatigados y abatidos, como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a sus discípulos la cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para su cosecha (Mt 9,35-38)
Que la Virgen María , Patrona de las Misiones, nos anime y nos ayude a mirar todas las realidades, las propias y las de más allá de las fronteras con los mismos sentimientos de su Hijo Jesús. Así, con una mirada llena de ternura y a la vez profundamente comprometida con cada uno de nuestros hermanos, especialmente con aquellos más pobres, o que no son considerados en el mundo.
Y no nos cansemos de dcirle a Nuestra Madre: Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros…..por cada uno de los habitantes en nuestro mundo……ahora, y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Pbro. Osvaldo Pablo Leone – Director Nacional de las Obras Misionales Pontificias
Fuente: Obras Misionales Pontificias (Argentina)
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