En la primera carta a los Tesalonicenses, San Pablo nos da las siguientes orientaciones
“Porque esta es la voluntad de Dios: vuestra santificación; que os alejéis de la fornicación, que cada uno de vosotros sepa poseer su cuerpo con santidad y honor, y no dominado por la pasión, como hacen los gentiles que no conocen a Dios. Que nadie falte a su hermano ni se aproveche de él en este punto, pues
el Señor se vengará de todo esto, como os lo dijimos ya y lo atestiguamos, pues no nos llamó Dios a la impureza, sino a la santidad .Así pues, el que esto deprecia, no desprecia a un hombre, sino a Dios, que os hace don de su Espíritu Santo” (1Ts 4, 3-8 )Rechazar la enseñanza de Dios es despreciar al propio Dios que nos dio su Espíritu Santo. Santidad no es sólo pureza, no es solo castidad, sino es también vivir una sexualidad santa. El enemigo ha usado de nuestra sexualidad para impedir nuestro camino de santificación.
Dios quiere que el hombre y la mujer participen de su poder creador, por eso les dio órganos para engendrar. Es por la sexualidad masculina y femenina que engendraremos hijos para Dios. Nuestra sexualidad es santa y nos fue dada para la santidad. Pero el enemigo usó y abusó de ella. Es hora de decir “basta “. ¡No seamos más tontos! No seamos más ingenuos en las manos del enemigo. Ya fuimos engañados por la tentación, por la mentalidad del mundo que nos influencia.
Al mismo tiempo es necesario pedir: “Transforma, Señor, mi mente, mi corazón, mis sentimientos. Cambia hasta la forma de mi cuerpo que quedo golpeado, herido, contaminado por todo esto. Quiero vivir la santidad“.¡Dios nos quiere santos!. Necesitamos decir un “no” definitivo al pecado.
Mons. Jonas Abib
Fundador de la Comunidad Canción Nueva.











21/10/2010 às 14:10
Danos señor la gracia de vivir en santidad y amor todos nuestros actos