Con las palabras adecuadas, se forma un nuevo hombre
El padre y la madre son representantes de Dios en la vida de los hijos; por eso tienen autoridad sobre ellos. También es la voluntad del Señor que se cumpla muy bien la tarea de educar para la sociedad y para el cielo. El Catecismo de la Iglesia Católica (CIC) dice que: “La tarea de los padres en la educación de los hijos es tan importante que es casi imposible de sustituir” Y que: “El derecho y el deber de la educación son esenciales para los padres” (CIC n. 2221; FC 36).
Para eso los padres deben educar en un hogar tranquilo para sus hijos, donde la ternura, el perdón, el respeto, la fidelidad y el servicio desinteresado sean cultivados. En él, la abnegación, el juicio, el auto control deben ser cultivados, para que haya verdadera libertad.
Dice el libro del Eclesiástico:
“El que ama a su hijo los castiga asiduamente, para poder alegrarse de él en el futuro. El que educa bien a su hijo encontrará satisfacción en él y se sentirá orgulloso entre sus conocidos” (Si30, 1-2). Y San Pablo recuerda que los padres no pueden humillar y ofender a los hijos cuando los corrigen. “Padres, no irriten a sus hijos; al contrario, edúquenlos, corrigiéndolos y aconsejándolos, según el espíritu del Señor” (Ef6,4).
Y es bueno recordar a los padres que quieren saber reconocer, delante de los hijos, los propios defectos no es humillación, sino la coherencia y eso ayuda a guiarlos, como nos enseña el propio Catecismo de la Iglesia Católica (n. 2223).
“Los hijos, dice el Catecismo, a su vez, contribuyen para el crecimiento de sus padres en santidad. Todos y cada uno van a dar generosamente y sin cansarse el perdón mutuo exigido por las ofensas, peleas e injusticias. Sugiere el afecto mutuo. Exige la caridad de Cristo” (CIC n. 2227; Mt 18,21-22).
El apóstol San Pablo también enseña como la familia debe vivir para hacer la voluntad de Dios:
“Hijos, obedezcan a sus padres en el Señor porque esto es lo justo, ya que el primer mandamiento que contiene una promesa es este” (Ef6, 1-2): “Honra a tu padre y a tu madre, como Yahvé, Dios tuyo, te lo tiene mandado, y tus días se prolongarán por mucho tiempo y te irá bien en la tierra que Yahvé, tu Dios, te da” (cf. Dt5, 16). “Padres, no exasperen a sus hijos. Por el contrario, críenlos en la educación y en la doctrina del Señor” (Ef6, 1-2).
Para educar bien los hijos es necesario tener tiempo para ellos; poniéndoles entre nuestras propiedades; pasar tiempo con ellos. Sin estar en la presencia de ellos es imposible educarlos, por eso es una actividad que requiere observación y acción. Y para educarlos es necesario aceptar y recibir a sus amigos; no echarlos fuera de la casa. Es necesario saber conquistarlos, no con lo que se les da, sino con lo que se es para ellos. Los hijos necesitan sentir un santo orgullo de los padres por la grandeza, por la forma correcta de actuar, de hablar y de los tratos, de cómo se dedican a ellos. Sin eso no es posible educarlos bien.
Es necesario corregir a los hijos, pero eso es necesario actuar con cariño, con palabras correctas, sin nerviosismo en el momento correcto, y jamás en la presencia de los hermanos y de otras personas porque eso humilla. Y un hijo humillado por el padre y por la madre no escuchará los consejos de ellos.
Profesor Felipe Aquino











19/10/2010 às 12:12
Enviarme informacion sobre educar a los hijos con abuelas con problemas mentales, y una mama sin el apoyo economico y moral del padre ausente, educando a una nina a los 12 aNOS, en medio de un ambiente violento como Colombia