¡Parroquias, sean laboratorios de perfección de la vida cristiana!
“La Iglesia tiene conciencia viva de que la palabra del Salvador, ‘Yo debo anunciar la Buena Nueva del Reino de Dios’, se aplica a la misma con toda la verdad. Así, acrecienta de buen grado con San Paulo: “Anunciar el Evangelio no es título de gloria para mí; antes es una necesidad que se me impone. Ay de mi, si yo no anuncio el Evangelio” [...] Nosotros queremos confirmar, una vez más, que la tarea de evangelizar a todos los hombres constituye la misión esencial de la Iglesia, tarea y misión que los amplios y profundos cambios de la sociedad actual la vuelven todavía más urgentes. Evangelizar constituye, de hecho, la gracia y
la vocación propia de la Iglesia, su más profunda identidad. Existe para evangelizar, o sea, para predicar y enseñar, ser el canal del don de la gracia, reconciliar a los pecadores con Dios y perpetuar el sacrificio de Cristo en la Santa Misa que es el memorial de su muerte y gloriosa resurrección” (EN 14).Anunciar a Cristo Jesús comienza con el testimonio de vida. Nuestras Parroquia, con sus Comunidades, Pastorales, Movimientos y Servicios, son llamadas a resplandecer por la alegría de la acogida. Conozco a una familia que volvió a la práctica de la vida Cristiana sólo porque encontró al párroco saludando a los fieles en la puerta de la parroquia. La respuesta que esta esperaba llegó antes del sermón.
Nuestras Parroquias son llamadas a ser verdaderos laboratorios de perfección cristiana, lo que se alcanza en la apertura a la gracia de Dios expresada en una intensa vida sacramental. La práctica del sacramento de la penitencia será uno de los “entrenamientos intensos” en este camino de santidad. La Eucaristía, bien preparada y celebrada, será el punto alto de nuestra vida, pues para ella convergen nuestros esfuerzos para vivir como cristianos y de la misma fuente inagotable, brotan todas las gracias, porque perfección cristiana es antes don del que lo que conquista.
¡Evangelizar es hablar de DIOS! Se hace necesario rever continuamente nuestro lenguaje de evangelizadores. De la homilía, a la Lectura Orante de la Palabra, de las Comunidades menores a los Grupos de reflexión de los diversos movimientos, todos son llamados a rever su forma de comunicar la Palabra del Evangelio. Dios no es complicado, ¡pero viene a nuestro encuentro, tanto que el verbo se hizo carne! Es bueno aprender de nuevo con las parábolas del Evangelio y aceptar los desafíos de llegar, con palabras actuales, pero verdaderas, al corazón de todos, especialmente de los jóvenes Recientemente hice una invitación a un grupo de universitarios y la extiendo a todos: conviértanse en parábolas vivas para el mundo en que vivimos
Evangelizar es un ejercicio de creatividad, en una Iglesia que es muy rica en manifestaciones de fe. No deseamos pasar un “compresor” escogiendo sólo una forma de trabajo, sino queremos estar abiertos a los caminos suscitados por el Espíritu Santo. Ser creativos y también valorizar lo que los demás saben y pueden hacer, sin celos ni envidia. Que todos los grupos y métodos de apostolado aquí existentes miren todo el bien que se hace y todos los métodos de trabajo como propiedad de la familia de los hijos de Dios, sin exclusivismos ni juicios. Por parte del pastor de la Iglesia, sepan que habrá plena apertura para el discernimiento y el apoyo a quien quiera anunciar el Evangelio, inclusive abriendo fronteras hasta ahora inexploradas.
En fin, evangelizar es justamente mirar con apertura el horizonte misionero que se abre, pues muchas personas todavía se encuentran o se sienten apartadas de la Iglesia. Se trata de una verdadera conversión pastoral, como pidió el Documento de Aparecida. Una “Esta firme decisión misionera debe impregnar todas las estructuras eclesiales y todos los planes pastorales de diócesis, parroquias, comunidades religiosas, movimientos y de cualquier institución de la Iglesia. Ninguna comunidad debe excusarse de entrar decididamente, con todas sus fuerzas, en los procesos constantes de la renovación misionera, y de abandonar las estructuras caducas que ya no favorezcan la transmisión de la fe.”(DA 365).
Monseñor Alberto Taveira Correa.
Arzobispo Metropolitano de Belén – Brasil










