Los gestos tienen la importancia que le damos
Abrir una ventana para recibir un poco de luz o para dar una “miradita” al tiempo, es cosa muy común, principalmente cuando tenemos el privilegio de estar en una casa de campo o en la playa. Sin embargo, este gesto crea todavía más vida, cuando nos disponemos a acoger todas las riquezas que trae. Es más, me parece que siempre es así. ¡Los gestos tienen la importancia que le damos!
Hablando del alma, podemos cambiar la expresión casa por corazón, y tenemos delante de nosotros un misterioso escenario a ser revelado. El hecho es que al abrir la puerta y dejar a alguien entrar, damos a este visitante, el derecho de conocer el interior de nuestra casa, apreciar sus riquezas, pero también le damos el derecho de conocer las cosas que tal vez por “falta de tiempo“, están fuera de lugar. Con nuestro interior no es tan diferente.
Así como tenemos el derecho de decidir quién entra en nuestra casa, decidimos también quien entra en nuestro corazón, y que tipo de trato daremos al que llega. Claro que existen excepciones, donde el visitante invade sin llamar a la puerta y esta sólo de paso. Hay veces que es bueno que sea así. Es un gesto de mucho coraje entrar aun cuando encuentra la puerta entreabierta o cerrada.
Hay quien cierra las puertas y ventanas de su interior con “siete llaves” y se decide a no dejar entrar a nadie más. Generalmente decisiones así, están basadas en decepciones, frustraciones y hasta heridas causadas en el alma por alguien que entró y no se comportó como debía.
Las experiencias comprueban que esta no es la mejor elección, cada uno tiene sus riquezas para ofrecer, y nunca se es tan sabio y poderoso que no se necesite de ayuda. Creado por amor y para amar, el ser humano tiene sed de amar y ser amado. Allí está la esencia del existir, la fuerza motora que lo lleva a ser y a actuar de manera armoniosa, acogedora y feliz.
El amor es quien hace que el tiempo sea precioso, da un brillo diferente a los colores, es la forma creativa que Dios encontró para asemejar nuestro corazón al suyo.
Amar es un riesgo que necesitamos correr todos los días si deseamos vivir intensamente.
Abrir las puertas y las ventanas del alma, es un desafío necesario si queremos contemplar las maravillas que están afuera y hasta ser calentados por los rayos del sol del amor que vienen a nosotros.
La brisa suave y vital y todavía la sensación de libertad que sentiremos, viene de brindar en la hora que valientemente abrimos las puertas del corazón y dejamos entrar a quien golpea pidiendo entrada, o invade nuestro deseo de “ayudar”.
Vale la pena correr este riesgo.
Dijanira Silva.
Comunidad Canción Nueva










