Es importante vigilar rigurosamente los sentidos
Virtud que se opone a lujuria es la castidad. Debido a la expresión “voto de castidad”, muchos piensan que esta virtud está reservada para aquellos que no desean casarse. Eso no es verdad.
La castidad es una virtud para todos los cristianos: ya sea para los que todavía viven un estado de vida de soltero, o para los que ya están comprometidos con el celibato o con el matrimonio. La castidad es la virtud que permite consagrar a Dios la capacidad de desear y amar. Y está es una necesidad de todos los cristianos.
Delante de la enfermedad de la lujuria, nuestra actitud es fundamental debemos tener total confianza en Dios y completa desconfianza en nosotros mismos.
San Felipe Neri (1515 -1595), el gran Santo del buen humor, expresaba esta actitud en una oración ejemplar: “Oh Dios mío, no confiéis en Felipe, porque de lo contrario, él os traicionará” Está confianza en Dios y desconfianza de si debería ser aplicada no sólo en la vivencia de la castidad, sino también en nuestra capacidad de conocer la verdad de la sexualidad. Cuando se trata del mundo afectivo-sexual, el conocimiento de la verdad puede ser alcanzado, pero generalmente nos encontramos con las trampas puestas por nuestra afectividad y sexualidad heridas.
Cuando hablamos de la verdad de la sexualidad, debemos tomar en cuenta que la palabra “Verdad” puede ser entendida a partir de dos puntos de vistas: de Dios y del hombre.
a. Verdad divina: Cuando Dios piensa en la verdad, Él la crea. Desde el punto de vista de Dios, las cosas son verdaderas si están de acuerdo con su divino proyecto. Antes de la existencia de las cosas, el Todopoderoso ya había pensado, y este “pensamiento” es la verdad sobre la creación. Cuando una criatura se aleja de esa verdad, está necesariamente alejándose de su propio ser. Este fenómeno es conocido como muerte.
b. Verdad Humana: Cuando el hombre piensa en la verdad, él obedece. La verdad no es una cosa que podemos proyectar, inventar o crear. El hombre es una criatura, por eso, deseamos conocer la verdad, deberá con humildad sumergirse en las cosas, que ya fueron creadas y pensadas por Dios. Para el hombre, la verdad, en este mundo, estará siempre marcada por el aspecto de la búsqueda y, una vez encontrada, de la obediencia. Como decía Platón: “Una verdad conocida es una verdad obedecida”
En resumen, para las cosas reales, deben adaptarse a Dios (a), para que el hombre conozca la verdad, es necesario adaptarse a las cosas (b). Pero, con el pecado original, el ser humano desarrolla dentro de sí una tendencia de ocupar el lugar de Dios Padre. El hombre, principalmente el hombre moderno, está cansado de obedecer la verdad (b), y él mismo decidió por construir “su” verdad, se comporta como Dios creador (a).
El hecho de que el cuerpo contribuye con el surgimiento de la pasión por la lujuria que debe ser combatida también con remedios que incluyan el cuerpo. Siempre y cuando no vivamos aislados como los ermitaños, es importante guardar con cuidado los sentidos, especialmente la mirada y el tacto. Quien cree que puede todo, oír todo y ver todo se niega a dominar la propia imaginación y las necesidades afectivas. En la era de la Internet, de la televisión y del cine, es necesario, más que nunca, elegir lo que vemos, para no convertir nuestro mundo interior en una basura. Y aunque escojamos lo que vamos a ver, debemos saber poner límites en la cantidad.
El control del tacto también es muy importante. La actitud espiritual delante del toque depende también de las diferentes culturas y de la sensibilidad de cada persona. Por eso si quieres encontrar un criterio objetivo, es conveniente que cada uno haga la observación con sinceridad de las consecuencias de los contactos gestuales en las señales del propio cuerpo y de la propia fantasía.
Padre Paulo Ricardo










