Las relaciones entre hermanos y hermanas

27/08/2010

Por: Paola Lanz

Las relaciones entre hermanos y hermanas pueden estar marcadas por la

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comparación y el conflicto, por la distancia y la cercanía, pero sin duda son una de nuestras principales compañías a lo largo de la vida, constituyéndose en vínculos sólidos con quienes compartimos toda clase de experiencias y en fuentes importantes de ayuda y apoyo.

Es normal sentir celos cuando los hermanos tienen la predilección de nuestros padres. Pero hablándolo eso no tendría que ser un impedimento para no sentirse querido, ni hacernos creer que no estamos presentes en su amor.

Hay una edad en el que la competencia y rivalidad entre hermanos nos ayuda a superarnos y a desarrollar nuestras habilidades físicas e intelectuales. Dónde el perdón es un paso necesario para convivir y no competir. Pues aprender a perdonar a mis hermanos es perdonarme a mí mismo. Y si yo me perdono, tengo mayor oportunidad de comprenderme y comprenderles. Reconociendo con alegría sus lados fuertes y positivos, dejando a un lado rencores y frustraciones, para vivir como hermanos con los hermanos.

Pero que sería de nosotros sin esos momentos donde están cerca y en otros distantes; o sin aquellos donde hieren nuestro cariño y se hacen difíciles las reconciliaciones, pero que en otras circunstancias, son los únicos que nos pueden comprender… Al final, todo eso constituye la unidad fraterna. Donde sobre llevar y parar las bromas de los hermanos, sus abusos de confianza y de poder, brindándonos esa seguridad básica que nos capacita para poner límites claros al mundo y decir “no” cuando es no y “sí” cuando es sí.

Pero sobre todo; los hermanos nos recuerdan que no estamos solos, y que al no estar solos, lo más importante es compartir. Teniendo la seguridad que en los momentos difíciles contamos con ellos y viceversa.

Por ello hoy les doy las gracias a nuestros hermanos y hermanas mayores: por sus consejos, por hacernos sentir admiración, porque nos han inspirado con su ejemplo y hemos aprendido de sus éxitos y fracasos. A nuestros hermanos y hermanas menores: por su compañía, por hacernos sentir importantes y responsables, porque con su inquietudes y rivalidades, han hecho de la vida familiar un divertido reto.

Pero sobre todo; gracias porque a través de los vínculos de afecto que hemos construido; he podido descubrir a Cristo que está en su interior y manifestar que Él vive en mi.

Fuente: Almas

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