Cuando un hombre ha asumido realmente al Dios de la alianza como su centro, como el criterio último de la vida y de la muerte, del sufrimiento y de la alegría, entonces “conoce” al Señor.
Si es posible estar asociados a Cristo, como María, entonces es posible ser hombres de fe, convertirse en hombres de fe, vivir como hombres de fe.
La fe es una posibilidad que nos encamina como María, hacia Cristo y a estar en comunión con Él.
María no conocía todavía a Jesús cuando dijo: “Aquí tienes a la esclava del Señor”. Vivía como quien se deja conducir por su fe hacia aquel a quien luego pondrá por nombre Jesús.
Así, no nos queda otra cosa que suplicarle a María que interceda por nosotros: para que no perdamos nunca la esperanza de que es posible ser hombres de fe y para que sostenga nuestro camino y nuestro ánimo. Y cuando perdamos, roguémosle que nos recuerde el sentido de la Eucaristía. Si la Eucaristía es Cristo y además, es comunión con Él, significa entonces que cristo está dispuesto a acogernos continuamente y a darnos la posibilidad de estar en comunión con Él: para ser y vivir, no a nuestra medida, sino, ante todo, a la medida de Él.
¿Como? Sólo Él lo sabe. Aunque que no es fácil. Aunque pueda surgir inevitablemente la pregunta. “¿Como sucederá eso..?”
Es la misma pregunta de la Virgen María, que no se refiere únicamente a la concepción virginal. Expresa una fe que se interroga, la que cada creyente vive al asumir los problemas, las inquietudes que lo tocan precisamente como hombre y a los cuales debe dar una respuesta.
Más en la fe dejamos que Cristo sea el intérprete último y definitivo del hombre y de la historia.
Del libro: “El Sagrario” – Hermanas Adoratrices










