Cuanto menos se ora, Dios tiene menos sentido y cuanto menos sentido tiene Dios, menos se acude a él.
Si se deja de orar por largo tiempo,Dios acaba por morir, no en sí mismo porque es susbtancialmente viviente, eterno e inmortal, sino en el corazón del hombre. Dios ‘ha muerto’ como una planta atrofiada
a la que se dejó de regar.Abandonando la fuente de vida, rápidamente se llega a un ‘ateismo vital’ . Los que llegan a esa situación quizá no se han planteado a sí mismos formalmente el problema intelectual de la existencia de Dios. Quizas sigan sosteniendo, acaso sintiendolo tambien, que la ‘hipotesis’ Dios tiene todavia válidez; pero de hecho se las han arreglado para vivir como si Dios no existiera. Es decir, Dios ya no es una realidad próxima, concreta y arrebatadora. Ya no es aquella fuerza Pascual que lo saca de los escondites de sus egoismos para lanzarlos en un perpetuo ‘Exodo’ hacia un mundo de libertad, humildad, amor, compromiso. Sobre todo -¡he aquí el signo enequivoco de la agonía de Dios!- El Señor ya no despierta alegria en el corazón.
Ocurre, a veces, que el vacío de Dios les pesa como un cadáver. Y por eso se entregan a discutir, cuestionar, y dialogar – con frecuencia he insistencia como nunca antes- sobre la oración, su naturaleza, su necesidad. Ello puede ser un buen signo. Podria tambien significar que la sombra de Dios no los deja en Paz.
Con una alegre superficialidad divagan hasta lo infinito sobre las nuevas formas de oración: que el concepto de Dios hay que ‘desmitificarlo’, que la oración personal es tiempo perdido, un desperdicio egoista y alienante, que vivimos unos tiempos seculares para los cuales ha caducado definitivamente el elemento religioso, que las formas de clásicas de oración son una elucubración subjetiva y asi hasta el infinito. En una palabra, la oración se problematiza, se intelectualiza. Mala señal.
La oración es vida y la vida es sencilla – no fácil- y coherente. Cuando la oración deja de ser vida, la convertimos en una complicación fenomenal. Se pregunta por ejemplo: ¿Cómo se debe orar en nuestro tiempo? Para mi es una pregunta sin sentido. ¿Acaso se pregunta como se debe amar en nuestro tiempo? Se ama – y se ora- igual que hace cuatro mil años. Los hechos de vida tienen su raiz en la sustancia inmutable del hombre.
Cuando se da una situación existencial, rápidamente se desencadena una inversión de valores y un desplazamiento de planos: A Dios no hay que buscarlo ya en la montaña sino en el hombre, no hay que buscarlo en ‘espíritu y en verdad’ sino en el fragor de las multitudes hambrientas. No existe la ‘Salvación de mi alma’ sino la liberacion del hombre de la explotación y de la miseria. Hay una súper dicotocomía entre la oración y la vida; el trabajo es oración…, ‘teologías’ frívolas que se derrumban ante la primera saeta disparada desde la autenticidad.
Cuando se produce la crisis de Dios, se comienza a contabilizarlo todo con los criterios de utilidad. Y la Biblia nos recuerda que Dios esta más alla de las categorias de lo ‘útil y lo inútil”. En el fondo, la escritura afirma una sola cosa: Dios ‘es’ . Y se eligió un pueblo cuyo destino final es proclamar a todos los pueblos y continentes que Dios es. Solamente ‘sirve’ para adorarle, darle gracias, alabarlo y para ser testigo suyo. Si echamos en olvido estes destino ‘inútil’ del pueblo de Dios siempre andaremos divagando por las ramas.
Cuando en un hermano se produce el vacío de Dios por el abandono de la oración, surge la necesidad de autoafirmarse desplazandose hacia actividades, por ejemplo, de tipo político. ¿de qué se trata? Él se justificará con bonitas teologías, pero en el fondo se trata de dar un sentido a su vida, de cubrir un vacio interior con un quehacer que ciertamente tiene apoyos Biblicos.
No es el caso de todos, pero sí de muchos. Nunca hablan de Vida eterna, del alma, de Dios, sino de explotación, de injusticia social. Es un hecho sociológico ampliamente constatado que una buena parte de tales sacerdotes acaban secularizandose. No faltarán quienes digan que han dado ese paso para realizarse como hombres y como cristianos. ¡Razones para la exportación! Si ‘’aquí’’ han sido incapaces de amar, ‘’alla’’ segurián siendo igualmente incapaces y no encontrarán el centro.
Sé que el trato con Dios puede convertirse en evasión. Aqui, sin embargo, quiero hacer ver que los verdaderos libertadores y los grandes comprometidos en la Biblia fueron capaces de resistir la mirada de Dios en el silencio y la soledad. Y, por cierto, no un Dios de golosina sino Aquel que incomoda, desinstala, empuja al ‘adorador’ por la pendiente de la paciencia y la humildad hacia la aventura de la gran liberación de los pueblos. Si la contemplación no logra estos efectos, será cualquier cosa menos oración. Evación y oración son términos excluyentes.
Del libro, ‘Muestrame tu Rostro’
Padre Ignacio Larrañaga.










