Para encontrar la persona correcta, es necesario ser correcto

27/07/2010

Para encontrar la persona correcta, es necesario ser correcto

Debemos prepararnos para el noviazgo

Vivimos en una sociedad que cada vez más desprecia todas las formas de compromiso y la mayoría de la veces, prevaleciendo ante el deseo de vivir un compromiso serio en el noviazgo.

De hecho, en medio a las frágiles concepciones de relaciones existentes en nuestro tiempo, se vuelve cada vez más difícil encontrar “la persona correcta” para vivir una relación amorosa saludable. Además, de que en este proceso de encontrar la persona cierta mucha paciencia y sabiduría es necesario.

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Aquí se aplica específicamente a la antigua máxima: “Mejor sólo que mal acompañado”, porque, en tales circunstancias una decisión equivocada puede tener terribles consecuencias: afectiva, emocionales y existencial.

Para encontrar la persona adecuada es necesario antes ser la persona correcta, es decir , es necesario estar preparado para el encuentro, para, así poder ofrecer el mejor de si mismo uno al otro.

El noviazgo es una realidad que tenemos que prepararnos y preparar bien: a través de la oración y la vida de los sacramentos, buscando la propia sanación interior, buscando moldear las fragilidades de los temperamento, entre otros. De modo que para ser la persona correcta para el otro es necesario estar bien, con los próximos y principalmente, con Dios.

Y sólo esta realmente bien aquel que no está centrado su corazón en si mismo, pero, en aquel que es infinitamente superior, dando prioridad en todo lo que eres y haces. El encuentro con “otro” no puede ser la única y ciega meta de la vida, sino que al contrario, debe ser una simples consecuencias del encuentro con el “otro”, que da el verdadero lugar para todo y cualquier afecto humano.

Quien todavía no ha puesto el Sagrado en el centro de su existencia no está listo para vivir un relación sana , porque, se corre el grave riesgo de divinizar el otro, dando a este lugar que le corresponde solamente a Dios, y consecuentemente exigiendo de él lo que solamente el Señor puede ofrecerle, transformando, la relación pesada y sofocante.

Existen lagunas en nosotros que solamente el amor de nuestro autor puede llenar, y sólo a partir de un profundo encuentro con él que nuestros relacionamientos podrán madurar y realmente con éxito.

El amor sólo puede ser vivido con la vida en equilibrio, donde el “Amor” verdaderamente sana las fragilidades y vacíos del corazón.

Viviendo a partir de estos principios y cuidando siempre y bien del corazón, nosotros somos capaces de inaugurar los procesos que precederá la interacción tan deseada, para ser realizada por el noviazgo, y podemos disfrutar de su posterior éxito y plenitud.

Adriano Zandoná

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