Augusta Reina de los cielos, soberana señora de los Ángeles. Tú que desde los comienzos recibiste de Dios
el poder y la misión de aplastar la cabeza de Satanás, te suplicamos humildemente: envíanos tus legiones celestiales para que bajo tus órdenes y poder ellas persigan a los demonios los combatan por todas partes repriman su audacia y les recluyan en los abismos.¿Quién como Dios? Santos Ángeles y Arcángeles, defiéndannos y guárdennos.
Oh, María, Reina de los Ángeles, manda a San Miguel Arcángel para defendernos en todas las situaciones de peligro del cuerpo y del alma. Amén
Origen de esta oración, según cierta tradición:
En una visión, la Virgen, mostró a una persona los demonios que, esparcidos por la tierra, causaban grandes desgracias. Al mismo tiempo, la Virgen le dice que, con efecto, los demonios andaban sueltos por el mundo y que había llegado la hora de invocarla a Ella como Reina de los Ángeles, y pedirle así que enviase a las legiones santas para combatir y destruir las potencias de las tinieblas. “Mi Madre”, preguntó esta persona, “no puedes mandarlas sin que tengamos que pedírtelo?” “No” dijo la Virgen, “la oración es una condición impuesta por Dios para obtener esta gracia.” Y así le enseñó esta oración: Augusta Reina
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