Desencuentro de generaciones

13/07/2010

Convivir con el adolescente es algo muy distinto

Cuando percibimos a madre e hija adolescente en relacionamiento es muy interesante observar que tenemos dos mujeres frente a frente viviendo momentos de la vida totalmente, distintos. ¡La madre ya pasó por todo lo que su hija pasará y eso hará la diferencia en la relación! Convivir con el adolescente es algo bastante sorprendente y estremece bastante la vida de la familia; la madre, en especial, es la que acompaña bien de cerca los cambios, no solamente corporales, sino también las emociones.

La hija está abandonando el cuerpo de niña para el cuerpo de mujer, despertando así su sexualidad. La joven busca independencia, libertad, menos control de los padres, aunque no tenga experiencia en ello. El miedo (¡sí, el miedo!) existe, pero la joven difícilmente confesará sus temores a sus padres. Mezclan la impulsividad, la agresividad, la inestabilidad y la contradicción. Son muchos sentimientos distintos y todos ellos se mezclan.

hijodentro

¿Cuáles son los comportamientos esperados durante este período?

La joven rivaliza con la madre, desafía las convenciones, establece sus normas de conducta. La joven habla sobre cosas que no quedan claras, tampoco aclara nada. Ahí es donde entra la figura de la madre como que a menudo, tendrá que traducir lo que la hija dice; los mensajes no siempre son claros: pide perdón o pide ayuda “entre líneas…” La hija exige que sea tratada como “gente grande”, pero todavía no se olvidó de sus comportamientos infantiles. Es como si la joven viviera el luto por el cuerpo perdido, por la transición para una etapa tan deseada, pero, al mismo tiempo, tan terrible y muchas veces, no sabe para donde ir y los padres, las madres en especial, se sienten incapaces de dar el apoyo necesario.

Vamos a recordar un punto importante: ¿cómo tratar las emergencias adultas y el tratamiento que muchas veces ella exige, con momentos, necesidades y actitudes aun tan infantiles?

¡Es el desencuentro entre la propia generación! La joven que ve florecer el cuerpo de adulta, las presiones de un mundo adulto, pero que muchas veces, todavía no es suficientemente madura para percibirse así o para reubicarse en su edad.

¿Parece una “misión imposible”? Muchas veces, sí. Los padres, la madre en especial, necesitan mostrar interés, pero no invadir. Sin embargo, en esta tentativa, muchas veces se alejan de la joven, que, en un momento de tanta influencia por parte de terceros, puede dejarse llevar por referencias nada positivas. ¡Ojo!

Es importante pensar que los adolescentes, hombres y mujeres, hacen a sus padres “revivir” sus propias historias como jóvenes. Las madres, muchas veces, reviven la adolescencia, cuando se enfrenta con la jovialidad de los hijos. Sin embrago, para la madre, lo que se puede percibir es otra etapa de su vida: la madurez;  y a veces, están vulnerables, sensibles por la valorización de la hija hermosa y juvenil, ya que pueden estar perdiendo la belleza, aquella juventud que para ellas deja de existir, pero que en realidad se renueva, ¡es la belleza de cada etapa de nuestra vida.

Por último, las funciones se mezclan, las edades con sus factores emocionales específicos, todos entrelazados en una única tela, van confundiéndose, pero al mismo tiempo solidificándose. Las reacciones, muchas veces inconscientes, son vividas así, pero especialmente la reacción madre-hija/hijo-padres que debería de estar cubierta de muchas comprensiones, amor y receptividad en esta etapa tan importante de la vida.

Elaine Ribeiro

Psicóloga y colaboradora de Canción Nueva

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