Por muy buenas que sean las personas, un día, ella nos decepcionan.
Por muy buenas que sean las personas y sus intenciones, un día, sin querer, ellas nos decepcionan. Sucede entre padres, hijos, esposos, novios y entre amigos también. Nosotros ya hemos hecho la experiencia de equivocarnos con alguien que nunca quisimos hacer daño o nunca quisimos decepcionar. Eso es parte del proceso de la madurez de cualquier relacionamiento y es muy bueno que eso suceda, para no quedar en la ilusión de creer que la persona es perfecta o que nosotros somos intocables e inmaculados.
La frustración y los errores hacen parte del conocimiento del otro, para que en la madurez de la amistad podamos adecuar la imagen del amigo verdadero, parece exageración, por eso quien tiene “amigos-fantasía” son los niños y en este periodo de la vida es normal. De ahí que una verdadera amistad debe estar guiada por algunos compromisos evangélicos: verdad, transparencia y compartir, todo esto, es claro, con mucha caridad y misericordia, porque, sólo cuando experimentamos el gusto amargo de nuestros errores entendemos las debilidades y los errores del amigo.
La experiencia más terrible, para mí, son aquellas personas que están en el centro de una situación, saben que de hecho incluyen y comprometen a la persona amiga y por respeto humano y por un falso “proteccionismo” se callan, se omiten, no quieren correr el riesgo de perder la buena fama, la simpatía y incluso su amistad. Cuando la amistad es verdadera el único miedo que tenemos es perder el amigo por sus propios errores, aunque él no me comprenda y se enoje conmigo, voy a decirle la verdad y a abrir sus ojos, porque, amigo no es el que consiente todo, sino el que discute contigo, pero está listo para estar contigo en cualquier situación.
Necesitamos crecer en la vivencia y en la comprensión de una verdadera amistad, quien no se compromete no ama. Cuando un amigo se equivoca o está viviendo una situación embarazosa aprovecha la oportunidad para acoger, no tengas miedo de sacrificar la amistad por la verdad pues el verdadero amor se arriesga, da la vida por el amigo. “El hombre cuando se equivoca no tiene otro remedio que pedir perdón, si no él no es hombre”. El amigo no “abandona el barco” cuando él se agita, ayuda a remar aunque tenga que decir que el otro está remando para el lado equivocado.
Como corregir un amigo sin perder su amistad:
1. Ora por tú amigo: la oración va a preparar el corazón de él y también el tuyo;
2. Espera el momento oportuno para hablar y compartir, no te dejes vencer por el nerviosismo y la ansiedad;
3. Elije un lugar adecuado: la privacidad es el mejor lugar para corregir a una persona, evita hacer una corrección en público, incluso si estás en lo correcto, ya empezaste mal;
4. Elogia antes de hacer la crítica y la corrección. Todos tenemos cualidades y eso corrige nuestro ego elevado por los errores de los demás, eso no es fingimiento, es amor;
5. Aprende a hablar: cuidado con la palabras, el problema, muchas veces, no es el contenido de las críticas, sino la forma en que hablamos. Incluso si el otro está en el error, muestra respeto y cariño.
“Ninguna corrección nos alegra en el momento, más bien duele; pero con el tiempo, si nos dejamos instruir, traerá frutos de paz y de santidad“ (cf. Hb 12,11)
Padre Luizinho
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