En un mundo en dónde lo que importa es el poder, el éxito, el sobresalir ante todas las cosas como ser individual, en ocasiones parece imposible poder construir un
proyecto de vida con otra persona.Esto nos lleva a cuestionarnos sobre el verdadero sentido que tiene el matrimonio en esta época. ¿Para qué casarse si el 54% de las parejas se divorcian?
Hay que pensar que el matrimonio no es un simple contrato que se puede disolver en 5 minutos frente a un juez, una pesadilla que lo único que hace es cuartarnos la libertad y someternos ante una vida compleja y sin esperanzas, sino una opción de amor que comprende toda la existencia. Una decisión personal que trasciende y que podría ayudarnos si así lo deseamos a construir un proyecto de vida compartido.
Es importante reconocer que el elegir implica dejar de hacer algunas cosas por optar por aquello que uno desea.
Esto puede provocar sufrimiento e inclusive frustración en algunos aspectos de la vida por no poder cubrir las otras opciones, que en ocasiones se presentan de forma más atractiva y amena. Por ejemplo puede ser que en ciertos momentos sintamos más empatía por alguna compañera o compañero de trabajo que por nuestra propia pareja, sin embargo cuando elegimos se quedan atrás las demás opciones.
Sin embargo, a medida que pasa el tiempo y vamos madurando, nuestras decisiones son cada vez más importantes. Todas las opciones que vamos haciendo, aun aquellas que realizamos a temprana edad, están motivadas por el amor.
Llega un momento en la vida, un día en el que tenemos que elegir una opción radical, a través de la cual comprometemos y arriesgamos toda nuestra existencia.
Y una de esas opciones es la de vivir el amor en el matrimonio, no es una decisión fácil, implica valentía, salir de uno mismo, dejar a un lado los egoísmos, mirar al otro y procurarlo, formar no un tú o un yo sino un nosotros en dónde el uno complemente al otro.
Es necesario romper los esquemas, dejar de ver el matrimonio como un cuento de hadas en dónde se cree que cuando uno se casa vive feliz para siempre, ni por el contrario pensar que es un peso enorme casi imposible de soportar.
Analicemos el matrimonio como una relación de personas (hombre y mujer) conscientes y libres que buscan formar una unión de vida y amor, en dónde cabe el dinamismo, la entrega y el compromiso. En dónde se comparte todo lo que uno es y lo que uno tiene, dicho de otra manera la vida de una persona pasará a formar parte de la vida de la otra y viceversa.
En este nuevo proyecto lo que se busca es compartir: ideas, anhelos, temores, esperanzas, sueños, alegrías, penas, preocupaciones.
Para lograr esto es necesario conocerse, aceptar al otro tal y como es, reconocer que aun cuando cada uno tiene su criterio, su formación, deberán constituirse dentro de un mismo proyecto con un mismo corazón buscando la realización de ambos.
El reto más importante consistirá en ¿cómo hacerle para hacerse felices mutuamente?
Esto es todo un proceso continuo de conocimiento y auto aceptación, un camino de crecimiento y búsqueda que implica toda la vida.
Por: Ximena de Ovando
Funte: ALMAS










