Amigo, amiga…

30/07/2010

Amistad: una palabra que nos parece tan simple, que nos gusta pronunciar, principalmente en estos días en que recordamos este gran don; el don de la amistad. Escuchamos que el verdadero amigo es aquel

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que está con nosotros, en los buenos y malos momentos de nuestra vida, es el que confía y a quien podemos confiar toda nuestra vida, sin temor a que nos traicione, sin embargo, con estas mismas afirmaciones, escuchamos que verdaderos amigos ya no se encuentran, o es muy difícil de encontrarlos. El cariño de un amigo siempre es importante en la vida de una persona, más aun si ese cariño se llega a convertir en caridad, como lo define muy bien San Francisco de Sales en su libro: “El Tratado del Amor de Dios”, la caridad es un término de amor desde Dios hacia la otra persona, es decir, ese amor es puro entre los amigos, es el amor que Dios nos regala cada día para poder transmitirlo a los demás.

A veces hay momentos en que nos sentimos solos, abandonados y olvidados por aquellas personas, de quienes muchas veces necesitamos saber que se acuerdan de nosotros, de las que una llamada, un mensaje, un saludo bastaría para reanimarnos y sentirnos queridos e importantes para ellas.

Una sola palabra, de esas personas, basta para poner toda nuestra vida en sus manos así como lo hizo David con Jonatán al jurarse eterna amistad (Is 18,3). ¿Cómo podemos reconocer a un verdadero amigo? Muchas veces, buscamos cosas extraordinarias en un amigo, sin embargo, dice Proverbios 17,17 un amigo es siempre afectuoso, y en tiempos de angustia es como un hermano, porque al amigo que sufre se le ama (Jb 6,14)

No hace falta conocer a un amigo en lo material. A un amigo se lo reconoce por su verdad y su lealtad; esa lealtad que nos llena de confianza, de esa confianza que no se pierde. Esta verdadera e incomparable amistad es la que nos ofrece Dios a cada uno de nosotros así como se la ofreció a Abraham que creyó: por eso fue llamado Amigo de Dios (St 2,23). Así también Dios se quiere hacer nuestro amigo como Jesús lo fue de Lázaro (Jn 11,3; 11,11). El amor de Jesús con sus amigos es inmenso realmente (Jn 11,35-36).

Todo este amor que Dios tiene a cada uno de sus amigos, confirma la letra de la canción que dice; “Que detalle Señor has tenido conmigo cuando me llamaste, cuando me elegiste, cuando me dijiste que Tú eras mi amigo”.

Realmente me siento inmensamente feliz de saber que Jesús es mi amigo, ese amigo que nunca falla y siempre está conmigo.

En este año de noviciado, al cual por muchas razones mis cohermanos y yo le llamamos “año de gracia”. Estando lejos de mis amigos/as, ruego a Dios Todopoderoso, que les llene de bendiciones, a cada uno de ellos y a todos los que considero mis amigos, por ser amigos de Jesús y de María, a los lectores y distribuidores de Tupasy Ñe’e.

Queridísimos Amigos y Amigas, Jesús nos dice: “El amor más grande que uno puede tener es dar la vida por sus amigos. Ustedes son mis amigos, si hacen lo que yo les mando. Ya no los llamo siervos porque el siervo no sabe lo que hace su amo, los llamo “Mis Amigos”, porque les he dado a conocer todo lo que mi padre me ha dicho”. (Jn 15,13-15).

Fray Jorge Sequeira, OFM Conv.
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