Cuando tenemos la coraje de ponernos delante de Jesús y decirle: Señor en tus manos me abandono; haga lo que quieras de mi, entonces, verdaderamente, nosotros podemos asumir que somos valientes, porque este es nuestro mayor desafío: Dejémonos conducir por el Señor, porque, naturalmente somos
independientes y nos gusta serlo. Sin embargo, no sabemos, conducir nuestra vida sin la gracia divina.Hemos sido creado por Dios y para Dios y sólo encontramos nuestra verdadera felicidad y la razón de nuestro existir cuando estamos próximos de Él.
“Mi dicha es estar cerca de Dios: yo he puesto mi refugio en ti, Señor, para proclamar todas tus acciones” (Sl 73,28a).
Caminar siempre cerca del Altísimo requiere coraje y decisión, porque el mundo en que vivimos siempre nos estimula a alejarnos de Dios, a sernos independiente.
Muchos sienten valientes porque practican deportes radicales; otros, porque tienen mucho dinero; otros todavía, porque ya hicieron muchos cursos y son reconocidos por la sociedad, pero el valor real es dejarse amar y conducir por aquel que murió en la cruz por cada uno de nosotros: Nuestro Señor Jesucristo.
Ven, oh Dios, en mi auxilio, ayúdame sin demora.
¡Jesús, en vos confío!
Luzia Santiago
Cofundadora de la Comunidad Canción Nueva










