¿De dónde viene todo ese ruido? ¿De nuestra cabeza? Tenemos que adquirir la habilidad de no querer dejarnos llevar por nuestra cabeza, que dice tanto: “Si”
como “No”, trae tanto cosas positivas, como negativas. Tenemos que aprender a andar según nuestra cabeza. Hay mucha gente que va al grupo de oración. A la iglesia, ante del Santísimo y dice:- ¿Señor, acepto o no acepto hacer aquella predica?
- ¿Señor, estoy con ganas de comprar esto o aquello. ¿Compro o no?
Y nuestra cabeza comienza a hablar rápidamente, y después a la hora de orar la cabeza comienza a hablar y la persona sale satisfecha: “Ya tengo una respuesta. Ya fui al Santísimo, pregunte, y ya tengo la respuesta”. ¿Respuesta de quien? ¿De Dios o de tu cabeza? Así es como se ve que tenemos que adquirir la práctica de la escucha, para no andar conforme a nuestra cabeza. Es necesario tomar de dentro de nosotros la respuesta de Dios, que muchas veces, no viene en ese momento, viene después, a la hora de la oración. Algunos se humillan:
- “¡Ah! El Señor no me respondió. Quede media hora ante el Santísimo, preguntando, preguntando, y no tuve respuesta”.
¡Todo bien! Ten la certeza de que Él va a responderte en la hora en que menos esperas. En otra oración, en otra Santa Misa, cuando estés solo orando en casa, la respuesta vendrá de adentro. Sentimos que no viene de la cabeza, viene de adentro. Hay veces, ni siquiera es cuando oramos: cuando te despiertas, cuando te vas a acostar, cuando estás trabajando, en medio de otras cosas, de repente, viene la respuesta de Dios. Necesitamos adquirir la práctica de no andar según nuestra cabeza.
Necesitamos aprender a descubrir dentro de nosotros cual es la respuesta de Dios.
>Del libro:A sabedoria esta no ar
Monseñor Jonas Abib
Fundador de la Comunidad Canción Nueva.











19/07/2010 às 11:08
Lo que Monseñor afirma es cierto. Pero ese ejercicio, consistente en deslindarnos de “lo nuestro” para ponernos en la voluntad del Señor, no resulta fácil a muchos cristianos y católicos. Sin mala fe, muchos aún, oran ante el Señor, a la espera de que Él se compagine a “lo suyo” (“a su cabeza”, como dice Mons.)Les parece que si ellos van a orar, y pedir al Señor, Él los tiene que escuchar a ellos, y NO ELLOS A ÉL.
¡Cómo es preciso, entendernos y entenderle! Saber que su AMOR NOS AMA cuando HACEMOS LO QUE ÉL HACE; cuando ponemos NUESTRO AMOR CONECTADO EN TODO AL SUYO, en OBEDIENCIA A SU VOLUNTAD, porque en este modo trabajamos con Él para SALVARNOS.
En ocasiones su gran misericordia desciende hasta nuestros deseos sean inapropiados, porque son para lo de aquí. Pero quiere Él que pidamos al Espíritu Santo, sus dones, porque bien dice en la parábola: ” Si vosotros, siendo malos (…)¡Cuánto más dará el Espíritu Santo, a quien se lo pida!
Las cosas “terrenas” nos quitan el sueño muchas veces; pero hay que mirar hacia lo alto. Hay que salir de nuestro pobre ser de tierra, y entrar en Jesús, no para pedirle, sino para DARLE. Muy poca cosa somos… pero decirle: “Señor, no te quiero pedir; te quiero dar. Llévame a darte.”