Al rezar eres restaurado por Dios
Nadie se pone bajo el sol sin quemarse, si tomas sol vas a sufrir las consecuencias. Con Dios sucede algo semejante, nadie se pone en su presencia sin ser beneficiado, las marcas de la presencia del Todopoderoso también son irreversibles. Irreversibles para nuestra salvación. Cuando nos dejamos guiar por el Espíritu Santo, Él nos da la libertad.
Nuestro Señor nunca pensó traerte cerca de Él a fin de sacarte la libertad. Si él no quería que fuéramos libres, ¿por qué nos hubiera creado libres?
Nuestra libertad se comprometió debido a nuestra culpa, porque quien peca se convierte en esclavo del pecado. Por nuestros pecados y por los vicios que entraran en nuestra vida, nos debilitamos. Fue para que seamos libres que el Padre del cielo nos envió a Jesús.
El Resucitado nos libera de todo mal, de toda trampa del enemigo de Dios, para que podamos permanecer libres. Sin embargo, nadie es libre en la maldad.
Nadie puede saber lo que está en tu interior si no abres la boca y hablas. El Señor sabe cuando no estamos bien y cuando oramos es cuando podemos poner nuestra perturbación en su presencia. Cuando rezas Dios Padre te rehace. El Espíritu Santo nos sana y nos libera.
La oración consiste en quedarse desnudo en la presencia de Dios al abrirse para Él. Cuando estás rezando te pones en la presencia del Altísimo, de esta forma, estamos expuesto y, así somos sanados.
A partir del momento en que conoces a Dios, te conoces a ti mismo. Por eso rezar no es para cualquiera. En la oración, Dios se revela a nosotros, pero Él también nos revela a nosotros mismos. Si Él nos revela algo que no está bien, es porque es necesario repararlo.
Necesitamos mucho de perdón y de sanación y esa gracia sólo Dios puede darnos. Tú y yo necesitamos, en la oración, pedir al Espíritu Santo que nos haga entrar en nuestro corazón y descubrir lo que está mal allí dentro.
Nuestra vida entera es un proceso de sanación interior. Mientras estés con los pies aquí en esta tierra tu vida será un proceso de sanación interior. Debemos presentarnos ante Dios. No existe nadie a quien después de rezar el Señor no haya respondido. Y si él no lo hace directamente lo hará por medio de las personas o de un hecho. Pero de que él responde, responde. Por este motivo necesitamos aprender a escucharlo en la oración, para conocer los planes que él tiene para nuestra vida, un plan de realización, un plan de felicidad.
Muchas veces, no somos felices porque este plan no se cumple en nuestra vida. Si no abres tu corazón para la oración, corres el grave riesgo de morir sin conocer el plan que Dios Padre tenía para ti.
El paráclito no entra en el corazón de una persona malvada, Él no habita en un cuerpo que está siendo utilizado para el pecado. Si alguien quiere recibir de Dios una respuesta, quien quiere conocer a Dios y conocerse a si mismo necesita luchar por la pureza y santidad
¡Lo que está equivocado hoy, estuvo equivocado ayer y estará equivocado siempre! No es por la modernidad que lo que estaba equivocado dejó de estarlo. Quizá lo que necesitas hoy es dejar esta pendencia que está dentro de ti. El maligno tiene pánico de la gente que vive la pureza. Muchas de las gracias son dadas porque el Espíritu Santo llega al hombre que vive la pureza. La sangre de nuestro Señor Jesucristo tiene poder para purificarnos. ¡Por la fuerza de la santa cruz todo mal es vencido! ¡Vive tu castidad!
Marcio Mendes
Misionero de la Comunidad Canción Nueva










