Al renunciar a todo eso que me aparta de la gracia, yo reafirmo y profeso mi fe en Dios
La autocompasión no viene de Dios. Las personas que siempre tienen una desgracia que contar cada vez que se encuentran con alguien conocido, no son de Dios. Inclusive cuando piden oración y llegan con un rosario de lamentos. Jesús dice: “No lleves ninguna alforja por el camino. Si llegas a una ciudad y no eres bien recibido, retírate de ahí, y al salir sacúdete los pies, vuélvete y quítate el polvo”. Fue el mismo Jesús quien nos lo enseñó.
La jornada de nuestra vida es triste, pierde el coraje, porque estamos repletos de quejas de las cosas malas.
Imagínate si un fotógrafo registrara una escena increíble: un padre feliz de la vida, sonriendo montando en su caballo enorme de espuela, cinturón, sombrero y en sus manos un lazo. En la punta del lazo su hijo de tres años de edad. Pensemos en esta escena… ¡una criatura de tres años siendo arrastrada por el padre con el lazo y el lazo apretando el cuerpo de la criatura! ¿Qué noticia daría esa foto? ¿Qué dirían las revistas? ¿Qué diría el locutor del noticiero de la televisión? ¿Qué diríamos a respecto de ese padre? Un burro encima de un caballo. Padre desnaturalizado. ¿Hasta dónde llegamos? ¿Donde está la secretaría del menor? ¡Cadena perpetua para él! ¿Que mas podríamos decir de este Padre?
Después de un rato, veríamos lo ocurrido hecho película, porque además del fotógrafo, estaba allá un cineasta que filmó la escena. Aquel padre estaba atando a su ganado, cuando escuchó los gritos desesperados de su esposa. “Juancito está cayendo al precipicio”.
Y en el fondo del precipicio, había un río muy profundo. La madre lo descuido y el niño estaba casi cayéndose, no había tiempo de llegar junto a él, porque el pozo estaba se estaba derribando. Gracias a Dios, como buen enlazador, el padre consiguió lanzar el lazo y alcanzar al niño que ya estaba resbalándose hacia el precipicio. Fue en ese preciso momento que sacaron la foto.
¿Y qué dirían ahora las revistas? Es la misma foto. Hay veces, que quitamos fotos de nuestras vidas y parece que Dios es ese padre nos trataba como si fuéramos un becerro. Pero muchas veces, el Señor necesita hacer esto para no dejarnos caer en el precipicio. Amar es tener el coraje de lanzar el lazo aunque estemos cayendo, por más que duela un poco. No debemos tener miedo de herirnos, es necesario salvarnos. Papá, mamá, si es necesario, lanza el lazo para salvar a tu hijo.
Señor, hoy, libre y conscientemente, en tu presencia y con la fuerza del Espíritu Santo, para vivir la libertad de los hijos e hijas de Dios, yo renuncio al demonio, autor y principio del pecado. Para vivir como hermano, yo renuncio al odio, al enojo, al resentimiento, a la mentira y a la murmuración, a la maledicencia, celos, envidias, a las discusiones, a las peleas, calumnias y a todo lo que nos desune y que se vuelve semilla del infierno.
Para vivir mi fe de modo puro y auténtico, renuncio a las falsas doctrinas, a los objetos contaminados por que fueron consagrados a los ídolos, a toda contaminación consciente o inconsciente. Renuncio a todo pacto hecho con falsos dioses por mis antepasados.
Al renunciar a todo eso que me aparta de la gracia, yo reafirmo y profeso mi fe en Dios, Trinidad Santa. Creo en Dios Padre, el Creador; que me ama con amor eterno; creo en Jesúscristo, salvador que me redimió de todos mis pecados; creo en el Espíritu Santo, el Paráclito, Señor que da la vida.
Esta es mi fe, y por ella quiero luchar siempre para que crezca y produzca los frutos de Dios para el mundo. Amen
Del libro: “Curados para vencer a batalha”
Padre Leo SCJ










