Ser Santo es ser un discípulo
Fuimos hechos para Dios y la finalidad de nuestro corazón debe ser llegar hasta él. Sólo podrás realizarte en la medida en que descubras que eres una criatura del Señor.
No queremos la basura, nos queremos la imperfección, porque el Todopoderoso no nos ha hecho para el pecado. Podemos decir mucho del Señor, pero basta decir que Él es amor. Y en este misterio que comprendamos que él es el Padre, Hijo Y Espíritu Santo.
Eres atraído por él no sólo porque quieres lo mejor, sino porque quieres la comunión. Para llegar a profesar la fe en Jesús, necesitas hacer la experiencia del seguimiento. No se puede describir quien es Jesucristo, sin antes seguirlo.
Todos tenemos que renegarnos a nosotros mismos, o sea, vencer nuestros convencimientos. Todos (¡nadie debe quedarse de fuera!) debes tomar tu cruz. Todos deben amar aquel que no decepciona nadie. Dice San Agustín: “Sé constante, paciente, sufre las demoras y habrás enfrentadola cruz”. El sendero de la vida, de la plenitud, pasa por el seguimiento de Nuestro Señor Jesucristo. Ser santo es ser discípulo.
Guarden estas dos palabras: elegidos y santos. La santidad viene primero de lo Alto, porque es gracia, es Dios quien nos la regala. Si no haces una elección, vas a ser como aquel hombre que construye su casa en la arena. Aquellos a quienes Dios escoge para ser santos son aquellos que son pecadores.
Santa María Goreti, considerada la santa de la castidad, murió en defensa de su pureza. Cuando ella perdono a su agresor, llegó a la cumbre de la santidad. En su canonización estaba, allí presente, el que había asesinado. En aquella ocasión, Pío Xll dijo: “No todos están llamados al martirio, pero sí todos están llamados a practicar las virtudes cristianas”. La santidad exige atención continua hasta el fin de la vida. Cada uno, en su condición de vida, siga los pasos de esta santa, con generosidad, con una buena determinación.
He encontrado en muchos lugares, tanto en la Renovación Carismática Católica [RCC] como en las nuevas Comunidades, verdaderas “fabricas” de santos, personas que se dedican plenamente al Señor. Todo el cuerpo de la Iglesia debe seguir a Cristo, que es el Santo de Dios. Esta es una propuesta para todos nosotros.
¿Quién es el rostro de la santidad? ¿El rostro, tal vez, de una de familia? ¿O de los jóvenes? ¡Tenemos que mirar a la Virgen María, ella es el rostro de la santidad! Ella tiene el perfil de la santidad, al cual constantemente necesitamos buscar.
Mi hermano, mi hermana, presta este servicio al mundo de hoy: el rostro de la santidad para este tiempo, tiene que ser el tuyo. Las personas tienen derecho de verte en la oración, sonriendo, con un buen humor.
Mons Alberto Taveira
Arzobispo de la Diócesis de Belén, Brasil










