¿El buen Dios con retraso?

15/06/2010

El padre Slavko abundaba siempre en fórmulas luminosas para consolar a las almas dolidas. A numerosas madres que se quejaban ante Dios, le gustaba dar una respuesta francamente estupenda:

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Padre, el Señor no me escucha. ¡Hace tres años que oro todos los días por mi hijo que se droga, y no veo ninguna mejoría! ¿Qué debo hacer para que finalmente me escuche?

Señora, Dios escucha siempre sus oraciones, la menor de sus oraciones. ¡Pero Dios no ve las cosas del mismo  modo que usted! ¡Ve mucho más lejos! Mire como hizo con Santa Mónica: ella oró y lloró durante más de 20 años por su hijo Agustín que se comportaba mal, y nada cambiaba. Pero ella no se desanimó, sino que perseveró en la oración y la súplica. ¡Felizmente para nosotros! Pues si hubiera sido escuchada inmediatamente, hubiéramos tenido a San Agustín, pero como perseveró en la confianza durante tan largo tiempo, ahora no sólo tenemos a San Agustín ¡Sino también a Santa Mónica! No está mal, ¿no? Vamos, no se desanime, ¡todavía no ha alcanzado los veinte años de lágrimas!

Y la señora que se había llegado gimiendo y llorando, se iba reanimada. ¡En su corazón la frustración había cedido lugar a la alegría de caminar hacia la santidad!

Del libro: “El niño escondido”

Sor Emmanuel Maillard

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