Porque Jesús resucitó, ¡yo puedo esperar!

04/05/2010

Quiero invitarte a que abras la Palabra de Dios en:  Lucas 24,13-35

Eran  los discípulos del Señor los que estaban allí, caminando hacia Emaús. Personas que convivieron con el Maestro, que oyeron sus enseñanzas y presenciaron sus milagros, sin embargo, cuando Jesús resucitado se les apareció durante un trayecto, no lo reconocieron. Esto ocurre porque, según la Palabra de Dios, ellos estaban con los ojos como “vendados”.

La desesperación nos ciega. Cuando uno pierde la esperanza, ya no ve más nada bueno. Los ojos de aquellos discípulos estaban viendo sólo las cosas negativas. Sólo veían problemas. Estaban desanimados y habían perdido la esperanza.

Cuando Jesús pregunta sobre lo que conversaron por el camino, ellos se vuelven a Él con el rostro triste. La Palabra de Dios muestra a estos discípulos yendo a Emaús, dando la espalda a Jerusalén. Y esta ciudad, en la Biblia, es la Iglesia, es decir, estos seguidores de Jesús Cristo estaban abandonando la fe

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en el Señor. Ellos ya no creían más en Él. Estaban yendo para vivir su propia vida, porque la falta de esperanza había dominado el corazón.

Cuando no esperamos más nada de nuestra familia, de nuestro cónyuge, de un hijo, de un amigo, etc., no conseguimos ver nada aparte de sus defectos. Porque fuimos perdiendo la esperanza en esas personas. Pero donde entra la esperanza la vida renace. Donde la esperanza nos toca somos renovados.

La palabra de Dios, está llena del poder de la resurrección, y ¡tiene el poder de salvar! San Pedro afirma que la Sagrada Escritura nos regeneró para una esperanza viva. Regenerar es nacer de nuevo. Y ella nos regenera para una vida nueva. Jesús no resucitó por un “simple capricho”, no fue por “querer figurar”. La resurrección, la obra más espectacular que ya ocurrió, sucedió en una madrugada, en la noche callada, en el secreto y en la intimidad entre Jesús y su Padre. La resurrección de Nuestro Señor Jesús Cristo es para nuestra justificación. Es para nuestra salvación. El Señor resucitó para darte una esperanza. Porque Jesús resucitó, ¡yo puedo esperar!

Pero ¿esperar qué? ¿Una sanación? ¿Una conversión? No. Nosotros que somos de Cristo no esperamos poca cosa. Todo esto es poco ante lo que esperamos. Si alguien te pregunta qué esperas, responde: “Yo no espero nada menos que resucitar con Cristo“.

La esperanza del cristiano es la resurrección. ¡Nosotros vamos a resucitar con Jesús Cristo! Jesús resucitó para darnos la esperanza. Pero mira: esta fuerza de Dios, que nos va a resucitar de los muertos, que va a transformar nuestro cuerpo mortal en un cuerpo inmortal, no está guardada sólo para el último día. De hecho, esta actuará en nuestro cuerpo en el último día, pero ¡está ya en nosotros!

Cuando Jesús resucitó la esperanza entró al mundo. Y esta fuerza de la resurrección, que en el último día dará vida a nuestro cuerpo mortal, hoy puede dar vida a nuestro corazón, resucitar nuestro interior y darnos la esperanza que tanto necesitamos.

Cuando Jesús, invitado por aquellos discípulos, entra a la casa, Él hace algo que un invitado, según, la cultura de aquel pueblo, jamás debería hacer: Él se sienta a la mesa y parte el pan. Quien hace eso no es el invitado, sino el dueño de la casa. Que el visitante haga eso es un enfrentamiento. Pero, en esta situación, el “dueño de casa” es Jesucristo, dueño de la vida y del corazón de aquellos discípulos. En el momento en que Él parte el pan y lo distribuye, desaparece.

Hay una importante enseñanza en esto: el Señor desapareció en el momento en que consagró la Eucaristía para decirle a los discípulos -y hoy a nosotros – que quien comulga su Cuerpo en la Eucaristía no necesita más ver el Cuerpo resucitado de Jesús, porque lo está comulgando en el pan que fue transubstanciado en su Cuerpo.

¡Quien comulga no necesita ver! quien comulga toma para sí el Cuerpo resucitado de Nuestro Señor Jesucristo. Cuando los discípulos sintieron la presencia del Señor resucitado en la Eucaristía, renacieron. Ellos sintieron y probaron la fuerza de la esperanza.

¡No te desesperes! Nada bueno podemos ganar con desesperarnos. Sólo hacemos locuras cuando estamos desesperados. En esta vida, nada bueno conseguimos hacer sin esperanza. Sin ella, todo se detiene. Nuestra vida queda “paralítica”.

Desgraciadamente, estamos más acostumbrados a desanimar a los demás que a darles esperanza. Es necesario dar a los demás un motivo de esperanza. ¡Enciende la esperanza dentro de tu casa! Enciende la esperanza en el corazón de una persona que lo necesite y esta jamás lo olvidará!. Deja que hoy la esperanza te lleve de la mano. Nadie en Dios, espera en vano. ¡Cree! Ten esperanza en tu corazón.

Márcio Mendes
Comunidad Canción Nueva

Un comentario para “Porque Jesús resucitó, ¡yo puedo esperar!”

  1. Rodolfo Ruiz Dice:
    04/05/2010 às 00:05

    ¡Gracias por este artículo! Gloria a Dios …!

Comentarios