Ante la presencia de cerca de ochenta mil personas
El 16ª Congreso Eucarístico Nacional (CEN) 2010 del Brasil, “¡Quédate con nosotros, Señor!” (Lc 24, 29) con el lema “Pan de vida para la unidad de los discípulos misioneros” llegó a su fin. La Misa de clausura, presidida por el Cardenal Claudio Hummes, enviado especial de Su Santidad, el Papa Benedicto XVI, contó con la presencia de cientos de obispos y sacerdotes de todo el Brasil.
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Cerca de 80 mil personas se reunieron en la “Explanada de los Ministerios” de la capital brasilera, para concluir así, el Congreso.
Parte de la homilía del Cardenal Claudio Hummes
La fe nace de la predicación de la Palabra, dice San Pablo, por lo tanto, todos tienen el derecho de escuchar el Evangelio.
Es importante, sí, que nuestras comunidades sean buenas, preparadas, la calidad, si, pero tampoco es suficiente, es necesario llevar a todos el anuncio de la Buena Nueva, es lo que el Papa Benedicto XVI nos ha dicho.
Queridos sacerdotes, la Iglesia precisa y mucho de ustedes para esta urgente misión, la misión necesita de ustedes, sacerdotes. Tienen grandes ejemplos a seguir e imitar. En el Brasil existen varios mártires y santos ejemplos, algunos de ellos hasta los compartimos con el Paraguay, cuyos santos, San Roque González de Santa Cruz, y compañeros mártires, a pesar de ser paraguayos, murieron en suelo brasilero.
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De esta misión los destinatarios son todos, pero los más urgentes son los pobres. El Papa nos dice que los pobres son los destinatarios privilegiados del Evangelio.
Hoy, la Iglesia también, caminando en la penumbra de la noche y deseando la claridad de la mañana, suplica: “Quédate con nosotros, Señor” y sabe que su súplica es oída, porque en su Ascensión, el Señor prometió: “Yo estaré con ustedes hasta el fin de la historia”(Mt 28, 20) Prometió también enviarnos su Espíritu Santo. De hecho, diez días después de la Ascensión del Señor, en el día de Pentecostés, el Espíritu Santo es derramado sobre los Apóstoles, que estaban en Jerusalén, reunidos en oración, con María, en el Cenáculo. De ahí partieron decididamente en misión. Nosotros también necesitamos de este Pentecostés para la misión en el Brasil. El próximo domingo es Pentecostés, no perdamos este momento.
Queremos alabar y agradecer a Cristo por cada hora, y cada día de este congreso en el cual pudimos sentir de cerca la presencia del Señor y el calor de su acogida. Somos sus discípulos y discípulas, Él quiere contar con nosotros. Cada uno de nosotros, según su estado de vida y profesión, hará su parte en esta misión. Así, la Iglesia en el Brasil florecerá y muchos que se alejaron de ella, reencontrarán su lugar en la mesa del Señor, en la Iglesia que un día, en el pasado los recibió y los bautizó. A estos, de manera especial, queremos visitar de nuevo, y ayudarlos a superar los impases que los alejó. A ellos, todos nosotros enviamos desde aquí el saludo de hermanos y nuestro testimonio de amor.
Todo en la Iglesia se ordena a partir de la Eucaristía y para la Eucaristía. Parte nuevamente para la labor apostólica, a fin de buscar y conducir a tantas otras personas a esta mesa de verdadera vida, la mesa del Señor. Por lo tanto, la Santa Misa, cuya celebración ahora vamos a continuar, no constituye el cierre propiamente dicho, sino, que el punto culminante de nuestra misión, una expresión intensa de nuestra fe en Jesucristo y un nuevo impulso para anunciarlo a todos. Amén, amén.









