Nuestra base es la misa Palabra de Dios. Ella no prevé catástrofes ni desgracias, que provocan el pavor en las personas, sin embargo, quiere atraer nuestra atención hacia la conversión, la transformación, el cambio de vida. ¡Esto es verdad!
La conversión no es algo que deba darse en el último momento, cuando los acontecimentos anunciados
comiencen a realizarse. Se trata de algo que debe ocurrir ahora, y debe ocurrir cada día. Debes levantarte cada mañana dispuesto a convertirte, y por la noche, a pedir perdón por tus pecados y debes tener la predisposición de ser mejor el día siguiente.Si no hay perspectiva del mundo que vendrá, de la Parusía, del Apocalipsis, de una tierra nueva, pues entonces, nunca habrá inclinación hacia la conversión.
Al Señor no le agradará descalificar a los que les gusta “revolcarse en el lodo”, que insisten en vivir en el pecado, pero si ellos continuan con este tipo de vida, no habrá otra opción. No pienses que al Señor le gusta castigar. No, pues Dios es un padre.
Pasaje del libro “Cilos nuevos y una tierra nueva” del
Monseñor Jonas Abib










