¡Soy un milagro!

12/05/2010

El ser humano sobrepasa sus limitaciones, pues, es imagen y semejanza de Dios

Veo que la primera actitud que debemos tomar es concientizarnos que somos amados por Dios, pues, Él jamás nos olvida: “¿puede una mujer olvidarse del hijo que cría, o dejar de querer al hijo de sus entrañas? Pues bien, aunque se encontrara alguna que lo olvidase, ¡yo nunca me olvidaría de ti! (Is 49, 15).

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Puedo compararme con una planta, que no fue regada, no recibió la luz, ni el aire necesarios para su crecimiento y desarrollo, pero, así mismo creció, sacó fuerzas de sus raíces, luchó, quiso vivir y hoy da frutos, maravillosos frutos.

Trayendo esto a nuestra realidad, muchas personas no recibieron el amor y el cariño que esperaban y necesitaban, sino al contrario, sufrieron decepciones, abandonos y desprecios, pero – y ahí está lo más bonito – en vez de haber producido vinagre han producido miel.

Tomaron la decisión más importante de dejar que Dios sanara sus corazones (desde sus raíces). Cuando dejamos a Dios para que sane nuestro interior – también en aquellos que están a nuestro alrededor – podemos contemplar el cambio, es decir, en nuestro exterior.

Porque, … cuando permitimos que Dios sane nuestro corazón, esa sanación se exterioriza también en cura física, nos volvemos más bellos, pues, no son más las heridas que prevalecen en nosotros, y sí el amor de Dios. Así dice una bella canción: “Aunque no te amaran, si con amor no te miraron, el Padre siempre te amó y te ama. Dios con amor siempre te miró”.

Es esa la gracia que le pido a Dios, que a través de su infinito amor, la verdad se revele a tu corazón, como un día se me reveló: ¡tú eres un milagro!

Patricia Mendes
Comunidad Canción Nueva

 

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