Vivir en perfecta castidad y pureza

01/04/2010

“La verdad no está hecha por la mayoría, no porque muchos caen tú debes caer”

Por amor a tu casamiento y a tu familia, ¡mantente firme! ¡Haz un compromiso de castidad al Señor!

La Biblia nos cuenta que Tobit, padre de Tobías, le pidió a su hijo que hiciese un viaje a una tierra muy

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distante y, para eso, le pidió que buscase a alguien para acompañarlo. Fue cuando Dios, en su bondad, providenció un compañero que, más tarde, se revelaría: Era el propio Arcangel Rafael. Fue Rafael quien condujo a Tobías hasta la casa de Raquel, padre de Sara, con quien Tobías se casó.

En la noche del casamiento, llevaron al joven esposo a los aposentos de Sara quien lo esperaba. Ella tenía todo el derecho de darse al esposo que Dios mismo había le escogido. Tobías, que se conservó casto hasta aquel momento, se levanta, se vuelve a su esposa y le dice: “Levántate, Sara, y roguemos a Dios, hoy, mañana y pasado mañana. Estaremos unidos a Dios durante tres noches. Después de la tercera noche consumaremos nuestra unión; porque somos hijos de santos y no debemos casarnos como los paganos que no conocen a Dios” (Tb 8,4-5).

Pon atención: “Porque somos hijos de santos, y no debemos casarnos como los paganos que no conocen a Dios”. Todos los muchachos y muchachas que son vírgenes, sepan: ¡mantenerse castos es una gracia de Dios! Por amor a tu casamiento y a tu familia, ¡manténganse firmes! ¡Hagan un compromiso de castidad al Señor!

Por los “amigos” que cuentan andanzas y hacen mil insinuaciones, tal vez tú seas uno de aquellos que vive titubeando, sin saber ya qué es correcto o errado. Debes saber: es preciso querer la misma gracia de Tobías y Sara. Otros cayeron y se golpearon muy temprano. ¡Contigo no tiene que ser así! Cuando yo era pequeño me quemé mi brazo con agua hirviendo. Hasta hoy tengo la cicatriz y tengo que tener mucho cuidado: por cualquier caída o daño, pues se volvió una región muy frágil y sensible.

¡Es increíble como el mundo y la tentación son crueles con los hombres! Muchos jóvenes cayeron y se quemaron también muy temprano. ¡Sé que a ellos les gusta exaltarse contando aventuras!

Más francamente: ¡infeliz de ti que te quemaste tan temprano! Lo cierto era haber llegado ¡virgen al casamiento! El mundo invirtió los valores. Pero, cree, ¡la verdad no está hecha por la mayoría! Si fueses a un río y encontrases allá muchos cascotes y poquísimo oro, qué tomarías: ¿el cascote o el oro? ¡Claro que llevarías el oro! Repito: la verdad no está hecha por la mayoría. No porque muchos caen tú debes caer.

Lo mismo ocurre con las muchachas: antiguamente conservaban la virginidad hasta el casamiento. En la actualidad, infelizmente, el mundo, la televisión, las novelas han cambiado de tal manera la cabeza de las mujeres que ellas creen, que sería una vergüenza, conservar la virginidad. ¡Lo que está en juego es tu pureza! Muchas jóvenes se confunden: ”¿Será que estoy en lo correcto? Mis compañeras constantemente me meten en la cabeza. ¡Casi me empujan! Si me niego y no soy parte de esas aventuras, parece que soy menos que ellas y soy fatalmente rechazada…”

No, tú no eres menos: ¡Eres más! Si los muchachos “se queman” cuando tienen relaciones antes del casamiento, la “quemadura” para las mujeres es mucho más dolorosa. En este inmenso desafío de vivir en pureza y castidad, es triste ver al padre y la madre aconsejando a sus hijos usar preservativo porque, “al fin de cuentas, nadie consigue atajarlos”. ¡Es una falsa prevención¡ Los que se queman son víctimas! ¡Ellos no son superiores a los otros!

Así como digo a los muchachos y muchachas que conservan su virginidad que hagan un compromiso al Señor de conservarse virgen hasta el casamiento, digo también a aquellos que, por mil motivos, perdieron la virginidad: hagan, también, el mismo compromiso con el Señor: de aquí en adelante, me comprometo con ti Señor, a vivir en perfecta castidad hasta el casamiento. Así como cuido de mi brazo, que ya fue quemado, para que no se queme más, también te invito para que, a partir de ahora, te mantengas “virgen” hasta el casamiento. Sea cual fuera tu historia, por más dolorosa que sea, Jesús es capaz de cambiar tu interior y tu físico. Hay mucha gente con vergüenza de sí mismo y hasta del propio cuerpo a consecuencia de las situaciones en las cuales ya fueron víctimas.

Tenemos que volver a aquello que Tobías dijo a Sara: “Porque somos hijos de santos, y no debemos casarnos como los paganos que no conocen a Dios”.

Monseñor Jonas Abib
Fundador de la Comunidad Canção Nova

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