Jesús se hace accesible a las personas en la comunión
El Papa Juan Pablo II escribió el documento Ecclesia de Eucharistía hablando de la extrema relación de la Virgen con la Eucaristía. Hay una profunda conexión entre María Santísima y la Eucaristía; el propio Papa Juan Pablo II afirma que Ella fue el primer sagrario del mundo, por esa razón, en todo Ella tiene que ver con Jesús Eucarístico. La primera cosa que el nostálgico Pontífice nos recuerda es que María no estaba presente en el momento de la institución de la Eucaristía, en la Santa Cena, porque no era el papel de ella estar allá, pero a través de su intercesión, se realizó el milagro de la transustanciación por el poder del Espíritu Santo.
¿Que hace a un hombre ser hombre? ¿Es la belleza física? ¿El color de sus cabellos? ¿O la forma de tu oreja? Nada de eso. Lo que hace ser un hombre es algo que no se ve, ¡es el alma! Es la esencia de alguien que lo hace ser quien es. Así, cuando vemos la hostia blanca, redonda, de varios tamaños, no nos damos cuenta de la esencia, de la sustancia y es eso lo que sucede en el momento de la transustanciación, es decir, la transformación de la sustancia del vino y del pan para el Cuerpo y la Sangre de Nuestro Señor Jesús Cristo.
Jesús se hace accesible a las personas en la comunión. Todos podemos recibir la Eucaristía, independientemente de tu condición física o psicológica. Dios quiere que tú recibas el Cuerpo, el Alma y la Divinidad de Cristo. Es Jesús, quien se oculta y aniquila a través de la Eucaristía.
Sólo hay un caso en que el Señor no está en la hostia: es cuando el trigo o el vino se estropean, dejando de ser pan y vino, no pueden ser Jesús. Jesús no “está” en el pan, Jesús es el Pan Consagrado. Cuantas veces, Él entra en la boca de un borracho e incluso de alguien que no está preparado para recibir la comunión.
Cuando comprendamos el amor de Jesús por nosotros, nuestro deseo por la Eucaristía será mayor. Hostia significa “víctima ofrecida en sacrificio”. Cristo dio el poder a los sacerdotes para consagrar la sustancia del pan y del vino en Cuerpo y Sangre de Él por entero, es la palabra de Cristo por el sacerdote. Lo sacramental es aquello que depende de nuestra fe, pero, el sacramento es diferente, porque, por ejemplo, en el sacramento del bautismo el niño no necesita tener fe para que ocurra la gracia, pues es Dios quien está opera.
Todos nosotros conocemos el pasaje bíblico que narra las Bodas de Caná (cf . Jo 2,1 -12). En aquel momento, el Señor cambió tanto la apariencia como la sustancia del líquido, diferente de lo que sucede durante la consagración, en la celebración de la Santa Misa. La esencia del trigo es el propio Cuerpo de Cristo; la esencia del Vino es su propia Sangre.
Así como Jesús se hizo presente en el seno de la Santísima Virgen María durante la gestación, cuando Lo recibimos en la Sagrada Hostia, Él está presente dentro de nosotros. Entonces, como María, podemos cantar el “Magnificat”.
Nuestro Señor Jesús Cristo se encarna en el cuerpo de cada uno de nosotros, también con el designio de salvarnos. Él tiene una gran pasión por nuestra esencia, nuestra alma, por eso intenta de todas maneras salvarla. Teniendo en cuenta esto, es necesario que miremos a Cristo, en la Eucaristía, con la misma adoración que Isabel recibió a María, estando embarazada, la visitó (cf. Lucas 1,39-56).
Así como la Iglesia y la Eucaristía no se separa; la Virgen y la Eucaristía tampoco no se separan. ¡Quien entra en la comunión con Cristo, entra en la escuela de María, pues Ella tiene mucho para enseñarnos!
Prof. Felipe Aquino









