El Rosario: un arma poderosa en nuestras manos

29/04/2010

Necesitamos ser orantes! Virgen María ha sido insistente con nosotros sobre la importancia del rosario. El problema es que no entendemos su valor, creemos que el rosario es una mera repetición del Padre Nuestro y Ave Marías, meditando los misterios. En la realidad, quien se torna eficaz esta forma de oración no somos nosotros: es Dios.

Como sucede en la Eucaristía: antes, es un sencillo pan, hecho con un poco de harina y agua; pero, después de la consagración, por la eficacia del poder del Espíritu, se convierte en Jesús vivo entre de nosotros. La eficacia del rosario no viene de los hombres, sino del cielo.

La recitación del Rosario data de año 1200. La Virgen María reveló a Santo Domingo, la eficacia, la “violencia” del rosario. Había en la época herejes que hacían mal a la Iglesia, sin que nadie los detenga. Santo Domingo fue de ciudad en ciudad, en todas las parroquias, rezando el rosario con las personas, y la situación empezó a cambiar. Como resultado, los herejes empezaron a convertirse.

Basta recordar lo que la Virgen María dijo en Lourdes, Fátima, y lo que  ha dicho en Medjugorje. ¿Hasta cuándo ella va tener que insistir con nosotros para que entendamos el valor de la oración? ¡No  esperes hacerte de tiempo! Lavando la ropa, cuidando de la casa, cuando vayas a trabajar… Tú puedes ir rezando el rosario. Puedes también rezar un misterio, después el otro y otro.

Ante la violencia que enfrentamos, necesitamos, como los hombres en los tiempos de Nehemías,  reconstruir nuestras familias, todo el tiempo, con herramientas en una mano y armas en la otra. ¡Una de ellas es el rosario!

Los re constructores eran hombres y mujeres, chicos y chicas; eran familias. Cuando al caer la noche, nadie volvía a casa: ellos dormían al pie de la muralla, protegiendo lo que  habían construido durante el día. Cansados, después del anochecer,  permanecían en oración hasta que todos se durmieran. Es así que el Señor quiere que vivamos en familia: en la austeridad. Debemos ser familias profundamente comprometidas con el trabajo.

Si tú no tienes el empleo que te gustaría,  busca otra cosa que hacer. Por supuesto que necesitas un trabajo remunerado, pero en la obra del Señor no falta trabajo… ¡ Arriésgate a trabajar para el Señor y  verás que el Señor  te dará  un trabajo remunerado! El problema está aquí: no tenemos la valentía de  arriesgarnos y confiar en la palabra que dice: “Buscad primero el Reino y la justicia de Dios, y todo les será dado por añadidura (Mt 6,33). La justicia de Dios radica en ver a nuestra familia reconstruida. Es esto lo que Dios dice: “Esta es la voluntad del que me ha enviado; que no pierda nada de lo que él me ha dado “(Jn 6,39a).  Invierte tu vida en el Reino y en la justicia de Dios y  verás como Él te dará todo el resto por añadidura”.

Monseñor Jonas Abib

Fundador de la Comunidad Canción Nueva

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