Dar este primer paso es señal de que estoy viviendo en la humildad
“Reconciliación es una disposición de corazón que se traduce en un modo de vida. Es un continuo perdonar y ser perdonado”. (Mons. Jonas Abib)
Es necesario tener en mente que entre la persona, con la cual necesito reconciliarme, y yo está el propio
Jesús. Es más: para que la victoria no sea dada a Satanás en esta batalla, es preciso pensar, aún remordiéndose por dentro, que si la persona se equivocó conmigo es porque, muchas veces, en primer lugar, ella está necesitando de ayuda, o está viviendo determinada situación, o alguna consecuencia de su pasado, de su historia de vida, hizo que ella tuviese una actitud que me lastimó.La Biblia dice: “Si tu hermano peca contra ti, ve y repréndelo, entre tú y él solamente”. Esa es una realidad un poco difícil de ser vivida. Existe una tendencia en el ser humano en siempre acabar diciendo las cosas a las personas equivocadas y en el momento equivocado. Si alguien me lastimó, erró conmigo, debo dirigirme a esa persona y no hablar mal de ella a todos los que conviven conmigo y hacen parte de mi vida o la de ella. Cuando actúo así, infelizmente, quien se alegra no es Jesús y sí su enemigo, Satanás.
Yo no tengo, ningún cristiano tiene el derecho de contaminar a los demás con sus problemas y caer en la tentación de chismosear, ni hacer escenas. Esa es una brecha muy grande para el maligno y al mismo tiempo una tentación que cada uno está sujeto a vivir en cualquier momento.
El enemigo es astuto y quiere tentar de manera especial a los hijos de Dios, quiere tentar a maridos y esposas, padre e hijos, quiere colocar a hermano contra hermano y hasta personas que lideran en la parroquia, en el grupo de oración, del ministerio o grupo de música del cual hacemos parte.
“La falta de perdón es como una planta amarga que crece gradualmente hasta poseer enteramente el corazón” (Mons. Jonas Abib).
Paremos un poco y reflexionemos: “¿Estoy siendo ministro de la reconciliación y de perdón de Jesús en la vida de quien erró conmigo o en la vida de quien fue víctima de un error mío?” “¿Estoy dando el primer paso?” Dar ese primer paso es señal de que estoy viviendo en la humildad. Esforzarme para darlo es resultado de mi lucha y deseo de ser humilde; esto ya es con seguridad, ¡una gran victoria!
La receta más acertada para amar a la persona con quien tengo dificultades “es el conocerla”. Nunca podré amar y, mucho menos, comprender a quien no conozco. Cuando descubro al otro, a su historia, a sus gustos, siempre voy a esforzarme al máximo para no hacer lo que a él no le gusta. Así, cuando ocurre ese descubrimiento, yo comienzo a ayudar y a ser ayudado, amar y dejarme ser amado, evangelizando y siendo evangelizada.
Va a ser lindo dar este paso y felicidades para mí, para ti y para todos los que ya están viviendo así.
Claro, y lo que es bueno nunca puede dejar de pasarse. Esto no es otra cosa sino “la cadena de favores”
Si ya superé esta barrera de la dificultad de perdonar y de dejarme ser perdonado, es fundamental ayudar a muchas personas a vivir lo mismo, siempre deseando compartir esta gracia.
El mundo comenzará a ser diferente cuando yo piense, actúe concretamente y crea: “¡Yo tengo solución, todas las personas tienen solución!” Y jamás me desanime. Comenzando por mí, cuando el perdón reine tendrá inicio la civilización del amor. Jamás puedo olvidar: “Reconciliación es Humildad”. Comenzando por mí… ¡Siempre!
¡Unida en oración!
Ana Néri
Misionera en la Comunidad Canção Nova










