No es nuestro esfuerzo lo que nos justifica
Nos causa cierta sensación de desagrado oír hablar de penitencia o cambio de vida. Aprendemos tan bien la lección (legítima) del autoestima, que nos parece fuera de esquema cualquier alusión a nuestras debilidades, o pero aun, a nuestros pecados. Se trata de una verdadera crisis de comprensión de la paciencia. Suena extraño a los oídos cuando Jesús insiste en el tema de la conversión del corazón. Pero toda crisis trae en sí la esperanza de una superación para inaugurar nuevos tiempos.
Debemos tener bien en claro el valor de las penitencias: ayunos, subir escaleras de rodillas, flagelarse, no comer carne, o, inclusive cargar piedras en la cabeza. Todo esto puede hacerse cuando entregamos esa penitencia a Cristo, para estar unidos a Él en su dolor. “La sangre de Jesús nos purifica de todo pecado” (1 Jn 1, 7). No es nuestro esfuerzo lo que nos justifica. “He ahí el que quita los pecados del mundo” (Jn 1, 29). La penitencia, entendida como virtud, es un esfuerzo permanente del cristiano para mantenerse en la santidad y en la perfección. . También para superar las debilidades de la vida. Es un ideal que jamás se completa en esta vida. Nadie debe ser cristiano para ser penitente, al contrario, debe ser penitente para ser un buen cristiano.
Esa verdadera ascesis debe acompañarnos en esta vida. Pero la Santa Iglesia nos invita a vivir esto, de manera más atenuada, durante el tiempo cuaresmal. Lo que se pide es tan poco, nada imposible de cumplir. Nuestra Madre Iglesia nos pide ayuno mitigado y la abstinencia de algunas cosas que nos agradan mucho. Esto en el Viernes Santo y los demás viernes del año (exceptuando fiestas de la Iglesia y el tiempo de Pascua)
Estas penitencias deben llevar la corona de todo arrepentimiento: la práctica de la caridad para con el prójimo.
Vean como del Papa Benedicto XVI sugirió penitencias mucho más pesadas al pueblo irlandés, para alcanzar el perdón de los por los pecados sexuales practicados por el clero. Tengo la plena seguridad de que el pueblo católico de Irlanda aceptará tal vía de purificación. Será un nuevo comienzo para una comunidad más fiel y más santa. Irlanda reencontrará su camino de justificación en Cristo.
Mons. Aloísio R. Oppermann – Arzobispo de Uberaba, Brasil









