Quien cree en los milagros, no niega el amor, aunque esté lastimado.
Yo sé – porque muchos me dicen – que, en muchos casos, todo parece que la mejor salida es poner un fin en todo. Es cuando no hay más diálogo, cuando no se reza y el amor que sentimos ya no tiene más fuerzas para que la gente mire en los ojos uno del otro y empezamos a huir de las personas o nos llenamos de compromisos en una excusa horrible para nuestras limitaciones.
En estos momentos necesitamos creer y “ayudar a Dios” a realizar Sus milagros. Quien cree en milagros no niega el amor, aunque esté lastimado; quien cree en milagros, cree también en las personas y nunca las deja solas; quien cree en milagros trabaja mucho, no se rinde fácilmente, perdona, acoge, espera, calla, reza y sigue adelante, aunque todo lo que le rodea dice que es imposible continuar.
¿Y por qué las cosas tienen que ser así para que sucedan los milagros? Es simple: nosotros somos la materia prima preferida de Dios; somos lo que Dios más le gusta utilizar para hacerse presente en todo lo que nos rodea y en el mundo entero y así realizar milagros hasta que la gente entienda que el mayor milagro somos nosotros mismos y las personas que nos rodean.
Ricardo Sá
Comunidad Canción Nueva










