Dios mío, yo creo, adoro, espero y te amo.
Si hicieran contigo lo que hicieron con Eleazar…ser presentado ante los jueces para que niegues tu fe en Jesús Eucarístico y, tus amigos, para librarte de la muerte, presentan una hostia no consagrada… ¿estarías dispuesto a morir por el Señor, para que ni siquiera se pudiera pensar que estás negando tu fe en la presencia real de Jesús en la Eucaristía?
Ten la seguridad, tu no morirás por una hostia consagrada o no consagrada, tu morirás por tu fe.
Las primeras comunidades fueron sostenidas por la Eucaristía, por eso los cristianos estaban llenos de fuerza y coraje. Con fe y devoción participaban de la celebración, sabiendo que allí reciben al Señor.
En los últimos tiempos, el Señor quiere despertar nuestra fe, porque necesitamos más que nunca de la Eucaristía.
Vivimos en un mundo pagano, como en aquella época, rodeados de una moralidad totalmente pagana, lejos de Dios en un lío terrible: agresión, violencia, impudor, inmoralidad y corrupción.
Para mantenernos como cristianos llenos de fe, tenemos que vivir el evangelio y remar contra la corriente, necesitamos de la Eucaristía.
Ser cristiano hoy es ser un mártir, aunque no derramemos el sangre, y no muramos por Jesús.
En este mundo totalmente contrario al evangelio, estamos reviviendo la fe de los mártires: la fuerza de los primeros cristianos.
Y por eso el Señor nos fortalece con el “pan de los fuertes” con el pan de los mártires, el pan de los primeros cristianos: la Eucaristía.
Reafirme su fe ahora:
Señor, perdona por todos mis pecados, y por los pecados de toda la humanidad. Danos la gracia de la conversión y cambio de vida. Dame tu Espíritu Santo, para que pueda cambiar mi vida. Pon en mí el arrepentimiento de mis pecados. Dame la contrición perfecta.
Yo soy pecador, pero digo: “Dios mío, yo creo, te adoro, espero y te amo. Pido perdón por todos aquellos que no creen, no adoran, no esperan y no te aman.
Gracias por tu presencia en la Eucaristía, y de ahí levantas tu oración al Padre por mí. Gracias porque pides por todas mis necesidades, y pones en mi corazón amor ardiente por tu presencia real en el Santísimo Sacramento. Ofrezco mi vida, y todo lo que tengo, a cambio de tu gran regalo: Tú te das a mí en la Eucaristía.
Amén
Monseñor Jonas Abib
Fundador de la Comunidad Canción Nueva









