No te preocupes. ¡Alégrate!

14/02/2010

Que la paz de Jesús esté contigo, que linda es Canción Nueva cuando te tiene a ti, leyendo esta prédica, que bueno que estás leyendo estas líneas.

Recordaba recién la historia de una familia linda, donde reinaba el amor. Estaban una noche cerca de la

Marcio Mendes C.N
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Marcio Mendes C.N

chimenea de en la casa de un pueblito frío, de repente, padre e hijo se desentendieron y tuvieron una gran discusión. Toda la familia intentó intervenir pero padre e hijo se discutieron aun más. El joven era el hijo menor y no quiso saber nada, se marchó de la casa diciendo: “no pude escoger donde nacer, pero sí puedo escoger y decidir donde vivir a partir de ahora”.
Este joven se mudó a una casa que quedaba del otro lado de la de su padre. Todos los días nutría una suerte de odio cuando miraba las propiedades de su padre que quedaba del otro lado.

Pasó así mucho tiempo y un día, el hermano mayor fue a visitarlo. Al entrar a la casa este le dice: “dime, hermano, qué quieres que haga por ti”, el menor responde: “si de verdad has venido aquí para ayudarme, pues te pido que construyas una muralla que me saque de la vista la propiedad de mi padre a quien no tolero ver nunca más”.
El hermano comenzó a pedir ayuda a los peones de su padre, mientras el hermano menor estaba fuera de la hacienda. Al volver, la ira se posesiona de su corazón, pues ve que, en lugar de una muralla, el hermano había construido un puente. Pero al dirigirse hacia él como para increparle por ello, ve a un anciano en la mitad del puente, en dirección hacia él, se da cuenta entonces que es su padre. Sin pensarlo mucho, al verlo viejo y caminando con dificultad, va corriendo a su encuentro y se funden en un abrazo que habían ambos esperado por demasiado tiempo.

Debo decirte algo mi hermano: Jesús ya ha construido el puente que te separaba del cielo.

Mira, aquí está una respuesta de Dios para ti : “Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito, estad alegres. Que vuestra mesura sea conocida de todos los hombres. El Señor está cerca. No os inquietéis por cosa alguna; antes bien, en toda ocasión, presentad a Dios vuestras peticiones, mediante la oración y la súplica, acompañadas de la acción de gracias. Y la paz de Dios, que supera todo conocimiento, custodiará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús. Por lo demás, hermanos, todo cuanto hay de verdadero, de noble, de justo, de puro, de amable, de honorable, todo cuanto sea virtud y cosa digna de elogio, todo eso tenedlo en cuenta. Todo cuanto habéis aprendido y recibido y oído y visto en mí, ponedlo por obra y el Dios de la paz estará con vosotros.” (Fil. 4, 4-9)

Pon la mano sobre tu corazón ahora y di: “Señor quiero entregarte ahora todo lo que me preocupa, todo lo que me impide alegrarme en ti”

Dime, ¿cómo se puede ordenar a una persona triste que esté alegre? Solo una persona puede hacerlo y es Jesús. Cuando él te pide que hagas algo, él ya te dio la capacidad, la gracia que te permite cumplir esta orden. ¡Lo que el Señor te está pidiendo en esta Palabra es la gracia que Dios te está dando!

La alegría, sin embargo, proviene de un corazón sano, y esta sanidad sólo se puede tener en la presencia de Dios. Cuando te acercas a él, Dios te va sanando de las heridas que te estaban haciendo daño, que te impedían estar alegres.
El Señor te ama, no tienes idea de cuánto te ama, no tienes de idea de cuánto Dios se preocupa por ti, tal vez no comprendas lo que te está sucediendo ahora, pero Dios cuida tus proyectos. Cuando te entregas a él, él comienza a guiarte, a conducirte. La mano de Dios está sobre ti.
¡No naciste por un descuido de tus padres, no naciste sin amor, porque Dios te pensó! Si tus padres, sean ellos quienes sean, no sabían lo que hacían en el momento en que te concibieron, pues Dios sí lo sabía. Aquel que siempre te imaginó y te deseo, nunca te olvidó, no te olvidará.

Dilo ahora: “hoy no me voy a preocupar. Dios se preocupará por mí. Hoy voy a romper el arma que Satanás estaba usando para atormentarme que se llama: preocupación”
Esta Palabra nos dice: “No se preocupen por nada, antes bien, presenten a Dios sus preocupaciones y él tomará bajo su cuidado los corazones y los pensamientos de ustedes…” tu preocupación no tiene el remedio para un enfermo, no tiene la solución para un problema, no puede solucionar el problema económico que estás teniendo, entonces entrégaselo todo a Dios.

Tenemos que descansar, y comprender que quien no tiene paz en el corazón no tiene descanso ni paz, y quien nos puede dar la paz es el Señor. El Señor es nuestro descanso. Créeme, la Palabra de Dios tiene el poder de restaurar nuestra fuerza. Por eso la Palabra dice, “la tristeza mata, mas la alegría da fuerzas”
Cuando comenzaste a leer esta prédica, escuchaste una orden: “Alégrate” y vas a poder hacerlo, vas a poder cumplir esta orden en el nombre del Señor. Dios va delante de nosotros y nos conduce por el camino. El Señor es nuestra fortaleza por eso la Palabra dice: “La alegría del Señor es nuestra fuerza”
Aunque estés en el valle oscuro de la muerte, Jesús no te dejará permanecer ahí. La tristeza no es para nosotros, porque Jesús ya nos ha hecho una promesa irrevocable. Muchas personas ya han roto sus promesas, pero Jesús nunca, y nunca lo hará. Él ya nos ha prometido que si estamos con Él no nos decepcionaremos, con Él no hay decepción.

Mira, todas las veces que vas a Misa, ganas fuerzas para enfrentar lo que quiere acabar contigo. Todos los días Dios renueva su amor por nosotros, en cada Misa. No es un mero precepto, NO, no es una renovación diaria de nuestras fuerzas en el amor inmenso de Dios.

Pasamos la vida entera persiguiendo la felicidad, sólo que la felicidad no es Dios, sino que Dios es la felicidad, son dos cosas muy diferentes. Intentar sujetar la felicidad es como intentar sujetar el agua, se te escapa tarde o temprano. Para nosotros Dios es la felicidad. Quien busca a Dios recibe la visita de la felicidad, ella llama a su puerta. No necesitas perseguirla, solo persigue a Dios. Si recibes al Señor en tu corazón, en esta vida, él mismo te esperará en el cielo. Te dirá: “Ven, hijo mío, te he estado esperando, ya te extrañaba tanto. Entra, aquí te preparé un lugar y te recibo, porque tú me recibiste en tu corazón. Entra y descansa, aquí ya no estarás nunca más triste, aquí nunca más llorarás” y Él mismo enjugará todas tus lágrimas.

Mira, no te preocupes más, porque si la intervención de Dios aun no llegó a tu vida, es porque Él no te da una prueba más fuerte de lo que puedas aguantar.
Lo que te preocupa no vale tanto como tu alegría. ¡Tu vida es demasiado preciosa como para vivirla mal! No te dejes desanimar por pocas cosas, ya no, ¡BASTA!
¡Entrégate a Dios y no temas, si te ha permitido pasar por pruebas debes saber que estas no son superiores a tus fuerzas! Es una promesa de Dios para ti: “Presenta a Dios tus peticiones, y el custodiará tu corazón” solo si tienes fe.

Mira, a partir del momento en que empezaste a orar, Dios ya te vio. Ya te escuchó. ¿Acaso el hecho de que estés leyendo este texto ya no es una oración? Necesitas creer que Dios ya te está dando una respuesta y esta es la siguiente: “Alégrate y no te preocupes, no te preocupes y alégrate en el Señor”
Quisiera hacerte un pedido: Déjate amar, déjate salvar por él, porque él te ama inmensamente. Hermano, hermana, lo que está en ti es mucho más fuerte que lo que está en el mundo. Ante el amor de Dios que está dentro de ti, todas las fuerzas del infierno se estremecen.

Solo el Espíritu Santo nos da alegría ¿Por qué es que Jesús llama al maligno de “padre de la mentira”? porque él lucha para hacerte creer algo que no es verdad, porque sabe que si no te sientes amado por Dios perderás todo el sentido de tu vida. É l quiere que no creas que puedes cambiar, que tu ya no tienes solución, que nada en tu vida mejorará, que ya eres demasiado adulto como para que cambies, o cambien las cosas a tu alrededor. Él es el padre de la mentira, la tristeza, sin embargo la alegría del Señor, la que viene de Dios es nuestra fuerza.

Créelo, todo lo malo pasará, y el Reino de Dios vendrá y todo mal nunca más reinará, por eso nos gloriamos hasta de nuestras tribulaciones, porque Dios las aprovecha para hacernos el bien. No te desanimes con las malas noticias porque para que Dios te de algo mejor, necesita poner un punto final a lo que era malo para ti.
Acepta tu vida, tus imperfecciones, tus tribulaciones, para que Jesús pueda ayudarte a superarlas. Mira, con las dificultades, aprendemos a ser más pacientes. Cuando todo está contra nosotros, el Espíritu Santo nos da unas palmadas y nos dice: “estoy aquí contigo, no te entristezcas”. La fuerza es la gracia de sufrir sonriendo. Los fuertes son aquellos que a prenden a sufrir con una sonrisa en el rostro. Nuestra alegría viene de adentro, no es euforia, sino que la presencia de Dios dentro de nosotros. ¡Alégrate!

Marcio Mendes
Misionero de la Comnunidad Canción Nueva

Retiro de carnaval 2010

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=> ¡Dios te hizo portador de la alegría!

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