La forma más eficiente de recibir sanación interior y liberación es a través de la oración de alabanza. Cuando alabamos a Dios sometemos nuestra vida a Él. Es en nuestra debilidad que encontramos toda nuestra fuerza. Alabar al Señor es lo mismo que decirle que somos personas débiles, que necesitamos su
ayuda, su sanación, su liberación y su amor.Debemos orar en lenguas. Porque cuando oramos en lenguas nos presentamos ante el Señor como niñitos que están aprendiendo a hablar. La I Carta de San Pablo a los Corintios, capítulo 12, es la oración de un niño. Muchas veces el niño no sabe cómo expresarse ante su madre y sólo balbucea, aquellas sílabas que los pequeños pronuncian sólo la madre consigue comprender. No vamos a encontrar ese lenguaje infantil en ningún diccionario, pero para la madre esto es muy expresivo.
Muchas veces nos encontramos delante de Dios sin saber qué pedirle, como niñitos. No sabemos en qué lenguaje debemos comunicarnos con él, entonces la lengua que usamos para hablar con él es la de una pequeña criaturita. No importa lo que vayan a decir de nosotros al usar este lenguaje. Yo soy un hijo, una hija libre ante Dios, que se comunica conmigo.
“Y de igual manera, el Espíritu viene en ayuda de nuestra flaqueza. Pues nosotros no sabemos cómo pedir para orar como conviene; mas el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables” (cf. Romanos 8,26).
Pablo dice en este pasaje bíblico que muchas veces no sabemos cómo orar, entonces pedimos al Espíritu que habita en nosotros que ore en nosotros al Padre, para orar en una lengua que es su lengua (la del Espíritu Santo). San Pablo expresa esto al decir que es el Paráclito el que viene en auxilio a nuestra flaqueza, porque no sabemos qué pedir, pero el propio Espíritu Santo intercede por nosotros con gemidos inefables, y estos gemidos que no se pueden traducir en palabras es el Espíritu orando en nosotros al Padre, según nuestras necesidades.
Estamos pidiendo que el Espíritu Santo de Dios venga a orar en nuestro nombre para que nuestra oración llegue al Padre, porque el Espíritu sabe exactamente lo que necesitamos.
el Espíritu vamos a descubrir las necesidades que nosotros mismos desconocemos; y una cosa que debemos hacer es entregar nuestras necesidades en las manos del Espíritu Santo, que sabe mucho más que nosotros lo que necesitamos.
¿Qué padre se regocija al ver a su hijo sufrir? ¿O muriendo de hambre y sed?
¡El Señor no se alegra con esto! No es Dios quien causa todos los desastres del mundo. Él no manda enfermedades, ni sufrimientos. De lo contario, ¿Cuál sería el sentido de ir hasta Jesús en busca de sanación y liberación?
Muy por el contrario de lo que podamos pensar, Dios siente compasión, y la palabra “compasión” viene del latín que quiere decir: “sufrir con” alguien. Él no nos promete sanación y liberación, sino que Él ya nos está dando sanación y liberación al derramar su Santo Espíritu que nos hace volver a la vida, y no nos dejará como huesos secos, sino que a través del soplo del Espíritu nos hará creatura vivas.
¿Recuerdas cómo la Biblia presenta la creación del hombre? El hombre era tan sólo barro y el Señor sopla sobre ese barro y le da vida. ¿Recuerdas cuando Jesús sopló sobre los apóstoles y derramó sobre ellos su Espíritu Santo y ellos se volvieron nuevas criaturas a partir de ese momento? Jesús, hoy, sopla sobre cada uno de nosotros y a partir de este soplo nos volvemos personas nuevas, nos transformamos en personas sanadas y liberadas.
Señor, creemos en tu Palabra. ¡No es tan solo una promesa, sino que una realidad! Tú eres fiel a tu Palbra. Yo abro, Señor, mi corazón para cualquier sanación y liberación que quieras realizar en mi. Abre nuestro corazón, mi Señor, para que podamos recibir toda sanación que viene de Ti, y recibir así, nuevamente la verdadera vida.
Yo sé que tú, Señor, deseas hacer esto con todo tu pueblo. ¡Tú, Señor, deseas hacer esto conmigo, y yo te agradezco, por hacer de mi una persona viva!
Fray Elias Vella










