¿La castidad hoy, tiene sentido?

11/01/2010

En esta gran sucursal de innumerables experiencias que es la vida, hemos escuchado en algún momento entre nuestros amigos incluso en nuestras propias relaciones, tal vez nuestra novio o quizá algún“amigo con derecho”, como suele catalogarse a algunas personas hoy en día, que se pide una experiencia en particular, la tan famosa “Prueba del Amor”. Pero alguna vez te haz detenido a meditar qué es eso a lo que llaman “VIRGINIDAD” y qué diferencia tiene de la otra palabra casi innombrable que es la “CASTIDAD”… Es posible que al igual que mucha de nuestra gente pienses que eso es algo pasado de moda y considerada como el peor “DEFECTO” que una persona pueda tener, olvidándote de algo que dignifica en sobremanera al ser humano, pues reafirma su magnanimidad, su PUREZA.

En la actualidad, sobre todo entre los adolescentes y jóvenes, que una persona sea virgen o casta, es signo de menosprecio, de repugnancia, de que ésta sea mal vista, desgraciadamente, por casi todos, pequeños y grandes, pues se vive un considerable déficit de valores, producto de un gran permisivismo. Hoy la pureza para los jóvenes ya no es un tesoro invaluable, más bien, se ha cosificado al grado de solo importar por el signo de pesos propuesto, insinuado por otros o pedido por si mismo. Hoy es fácil mofarnos de aquella persona que aún conserva o desea conservar su pureza. Hoy pareciera ser que la castidad ya no tiene sentido, pues parece ir contra la corriente, donde el hedonismo y/o materialismo y de trasfondo un muy marcado egocentrismo reina la actualidad.

Pero la castidad no se limita a ser sinónimo de virginidad como muchos creen, sino a la madurez que se tenga de ésta, y no se rompe o pierde por su ausencia pues va más allá de todo sentido meramente físico-corpóreo. Ser virgen no sólo hace referencia a la condición de quien no ha tenido “experiencias o relaciones sexuales” como suele asociarse comúnmente a este término, y no se reduce únicamente al sexo femenino, pues, tomando la noción común que se tiene, un hombre que no ha participado en una penetración en una relación sexual, también él es considerado como virgen. Esta noción puede desatar 2 cosas: 1°, que en las mujeres no es garantía de un himen intacto o no, pues éste puede romperse por razones diferentes al coito sexual, como el montar a caballo o bicicleta, practicar baile o gimnasia, y no por ello deja de ser técnicamente virgen; y 2°, que ambos (hombre y mujer) podrían permitirse participar del sexo oral o de algún juego erótico y sensual y declararse así con mucho orgullo “¡¡soy virgen!!” por no haber copulado. Ciertamente lo que se ha perdido en este último caso, no es la virginidad, sino, la castidad, la pureza de si mismo, y ésta no se restringe únicamente al varón, ya que ésta es una virtud y como tal, puede y debe ser vivida por hombres y mujeres, ni mucho menos se condiciona a un estado de vida, pues sea la edad o etapa en la que te encuentres estarás tentado a excluirla de tu vida.

La castidad, es, pues, la virtud que gobierna y modera el deseo del placer sexual según los principios de la fe y la razón. Por la castidad la persona adquiere dominio de su sexualidad y es capaz de integrarla en una sana personalidad, por tanto no es una negación de la sexualidad, sino un amarla para disfrutarla mejor.

Puedo incluso no ser “virgen” (pensando en la acepción común), porque… sufrí de acoso sexual y fui forzado a copular… porque no era lo suficiente maduro para optar por no fornicar… o simplemente porque en mi libertad así lo decidí… por las circunstancias de vida que hayan sido, el caso es que no lo soy, pero puedo ser casto, conservar mi pureza entregarme a la persona indicada con la que me consagraré a Dios pidiendo su Bendición. O puedo conservarme virgen, jamás haber realizado juegos sexuales, pero no ser casto por cosas tan simple como el hecho de mirar a la otra persona con lujuria y recrear en mi mente todo un acto de fornicación, masturbarme, ver o leer pornografía, etc.

Vivimos en un mundo donde la “actividad sexual” no conoce de límites, donde para la mujer ya ni el cinturón de castidad ni la infibulación le excluyen para que sea pura. Donde la cultura machista esta por encima de cualquier cosa o nivel y nada sacia su apetito.

La castidad pues, supone “esfuerzo” que fortalece el carácter e impulsa la voluntad. Nos da posesión y dominio de nosotros mismos. Podríamos decir que es como un entrenamiento para formar nuestra personalidad en la “generosidad y en el deber”. Que nos permite vivir en armonía con Dios y a su vez hace factible la armonía interior y con el prójimo. Esta armonía que es fuente de profunda paz y alegría; que purifica el amor y lo eleva; que es la mejor forma de comprender y valorar el amor; que supone la superación del propio egoísmo, proporcionándonos capacidad de “sacrificio” y “donación” por el bien de los demás, que nos brinda nobleza y lealtad en el servicio y en el amor.

Ser castos no es cosa de locos anticuados, sino de, valientes que se enfrentan a capa y espada contra el mundo y sus placeres. Los jóvenes hoy en día podemos navegar contra la corriente y esforzarnos por vivir, y vivir en castidad. La decisión es tuya y mía, hoy tú y yo podemos marcar la diferencia y darle rumbo a nuestro existir y sentido a nuestra castidad.

Fuente: Almas

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