Se cuenta que, en un tiempo y lugar distantes de aquí, un joven pecó levantando un falso testimonio. Él inventó una historia repleta de medias verdades sobre una persona inocente. El chisme se expandió rápidamente y comenzó a perjudicar a la víctima. No existe mentira más perversa que la media verdad. Todos ven la mitad verdadera y deducen el resto. El problema es que la otra mitad era inventada…pura mentira.
Ocurre que al ver los daños causados, el joven se arrepintió de su pecado y buscó a un viejo sacerdote para confesarse. El sabio lo atendió tranquilamente, oyendo cada una de sus palabras. Al final le dice: “¿Usted está realmente arrepentido de este pecado?” El joven rapidamente respondió que sí y que inclusive ya había pedido perdón a la persona que injustamente había acusado. “Bien…” respondió el confesor, “entonces antes de darte la absolución voy a pedirte que cumplas una penitencia. Vas a tomar una almohada de plumas, subir en un alto monte y soltar las plumas al viento”. ¿Sólo eso? Se admiró el penitente. Sí. Después vuelva aquí”. Al día siguiente el joven volvió satisfecho.
Entonces el sacerdote le dijo: “Ahora está preparado para la segunda parte de la penitencia: vuelva al monte y junte todas las plumas nuevamente y póngalas dentro de la almohada, después vuelva para recibir la absolución.” EL joven miró sin entender: “Pero eso es imposible”. “Justamente. De la misma forma es imposible reparar la murmuración. Sólo porque la misericordia de Dios es infinita, usted podrá recibir el perdón. Pero el mal que le provocaste quedará volando siempre, como plumas al viento. ¡Piense bien antes de hablar nuevamente algo contra alguien! Y el sacerdote dio la absolución y pidió que el joven rezase un Avemaría por cada pluma expandida, como penitencia.
¿Qué te parece si expandes esta historia como plumas al viento?
P. Joazinho, scj









