Esto es lo que prueba una investigación por científicos de Glasgow, en el Reino Unido: que matrimonios que tienen hijos son más felices. Y cuanto mayor es el número de hijos, mayor es la satisfacción.
El coordinador de la investigación, Luis Ángeles, cree que el resultado es simple de entender: cuando respondieron sobre las cosas más importantes de sus vidas, la mayoría de las personas casadas puso a los hijos en primer lugar. Y la influencia de los niños en la satisfacción de los padres está relacionada a la manera con que la familia pasa los tiempos de ocio y la satisfacción de la familia con la vida social. Se confirma la enseñanza de Dios y de la Iglesia:
“La tarea fundamental de la familia es el servicio a la vida. Es realizar, a través de la historia, la bendición de origen del Creador, transmitiendo la imagen divina por la generación de hombre a hombre. Fecundidad es el fruto y la señal del amor conyugal, el testimonio vivo de la plena donación recíproca de los esposos” (Familiaris Consortio, 28).
“El amor conyugal debe ser plenamente humano, exclusivo y abierto la nueva vida.” (GS, 50; HV, 11; FC, 29).
“La herencia de Yahvé son los hijos, recompensa el fruto de las entrañas; como flechas en la mano del héroe, así los hijos de la juventud.
Dichoso el hombre que ha llenado de ellas su aljaba; no quedarán confusos cuando tengan pleito con sus enemigos en la puerta”. (Sal 126, 3-5)
La Sagrada Escritura y la practica tradicional de la Iglesia ven en las familias numerosas una señal de la bendición divina y de la generosidad de los padres.” (Cat. 2373)
“Los hijos son un don excelente del matrimonio y constituyen un beneficio máximo para los propios padres.” (CIC 2378)
El Papa Juan Pablo II dice:
Algunos se preguntan si es un bien vivir o si sería mejor no haber nacido; dudan de si es lícito llamar a otros a la vida, los cuales quizás maldecirán su existencia en un mundo cruel, cuyos terrores no son ni siquiera previsibles. Otros piensan que son los únicos destinatarios de las ventajas de la técnica y excluyen a los demás, a los cuales imponen medios anticonceptivos o métodos aún peores.
Ha nacido así una mentalidad contra la vida (anti-life mentality), como se ve en muchas cuestiones actuales: piénsese, por ejemplo, en un cierto pánico derivado de los estudios de los ecólogos y futurólogos sobre la demografía, que a veces exageran el peligro que representa el incremento demográfico para la calidad de la vida.
Pero la Iglesia cree firmemente que la vida humana, aunque débil y enferma, es siempre un don espléndido del Dios de la bondad. Contra el pesimismo y el egoísmo, que ofuscan el mundo, la Iglesia está en favor de la vida. (Familiaris Consortio, 30)
“No tengan miedo a la vida”. (Juan Pablo II)
Profesor Felipe Aquino









