Un día me encontraba en la colina de las apariciones: me gusta orar allí largamente, antes de la aparición de la Virgen, y acogerla en mi corazón, lejos de la muchedumbre. La aparición tiene lugar aquí a las 17:40 (hora de verano 18:40)
Ese día le dije a la Virgen:
-Como sé que tú vas a volver en 24 horas, voy a prepararte un regalo. Así podré ofrecértelo mañana. Pero, ¿qué regalo podría ser? Me surgió entonces la idea de vigilarme sobre un punto bien preciso. En efecto, desde a edad de los catorce años, yo tenía la muy mala costumbre de morderme el labio, a veces hasta que sangrara. Era un tic del cual no lograba deshacerme. Un dermatólogo me había dicho que me arriesgaba mucho a que se me declarara un cáncer (con muy rápida metástasis). A pesar de las advertencias, yo continuaba; era algo que no podía superar. Le hice la siguiente promesa a la Virgen:
-Durante 24 horas, haré un esfuerzo sobrehumano; no me morderé el labio, pero, por favor, ¡ayúdame!
Llegó la hora del encuentro del siguiente día: ¡había funcionado! Todos los asaltos destructores (muy numerosos) habían sido rechazados, la Virgen me había ayudado mucho y le ofrecí con gran alegría su regalo. Tuve entonces la idea de prepararle un nuevo regalo, una nueva victoria sobre algo particular, durante otras 24 horas. ¿Y por qué no repetir el ofrecimiento anterior? Es lo que hice, y la Virgen recibió su regalo.
Durante una semana, para cada encuentro hice lo mismo. ¿Qué sucedió entonces? Después de siete días el tic había desaparecido por completo. ¡Se había esfumado! ¡Era cosa del pasado; ni siquiera pensaba en él! La Virgen había tocado mi cuerpo y mi sistema nervioso; había arrancado el mal de raíz. Grande fue mi alegría e inmensa mi gratitud.
¡La historia no termina ahí! Mientras le agradecía a la Virgen ella me hizo comprender en la oración que lo que había hecho por mí, también quería hacerlo para cada uno de sus hijos. Vinieron entonces a mi mente algunas de sus palabras; estas fueron como una descarga de luz:
“¡Apenas me necesiten, llámenme!” Si experimentan dificultades o necesitan algo, vengan a mí, Dios me ha permitido ayudarlos cada día con gracias particulares para que puedan defenderse del mal. Queridos hijos ¡permitan a Dios hacer milagros en sus vidas!”
Comprendí también que habíamos pasado al lado de ese inmenso capital de gracias, que estábamos aun a mil leguas de darnos cuenta hasta qué punto estas visitaciones de María podían socorrernos. ¡Nos habíamos adormecido en la inconsciencia! ¡No queridos hijos, ustedes no comprenden la importancia de mis venidas!, nos dice la Virgen. Y Vicka, una de las videntes, añade:
“Lo que la Gospa (Nuestra Señora) realiza en Medjugorje nunca fue hecho en ningún otro lugar, y no se hará en adelante. ¡Es único en la historia!”
¡Pero no es demasiado tarde! Compruebo maravillada qué feliz es el pueblo de Dios al conocer la buena nueva de las visitaciones cotidianas de la Gospa. Para los párrocos que acogen testimonios de Medjugorje, ¡qué estupefacción y qué alegría al ver su iglesia repentinamente repleta, y toda esa muchedumbre que no quiere irse, ni después de tres o cuatro horas de testimonios y oración! ¿No es una verdadera señal sobrecogedora de la inmensa sed que tiene el pueblo de tocar concretamente el corazón de su Madre, corazón vivo, real, sanador, compasivo, indeciblemente tierno?
Sí, el pueblo de Dios está feliz de encontrar a su Madre. En Medjugorje, el cielo se deja “tocar” como nunca antes. Cuando se aparece la Virgen, los videntes la ven en tres dimensiones, como se ve a una persona real en la tierra. Pueden darle la mano, besarla; pueden tironear su velo al implorar un favor, pueden reírse y llorar con ella. Ella es completamente real, encarnada, viva e infinitamente bella.
-Hace quince años que la vemos, – dice Marija – y no nos acostumbramos a este hecho; cada día nuestra alegría es mayor. Pero para nosotros “no videntes”, y “no oyentes”, que no tenemos un éxtasis cotidiano para conversar con la Reina del Cielo, ¿nuestra suerte será inferior y lamentablemente irrisoria?
¡Todo lo contrario! Y esta es la clave del don de Dios en Medjugorje: en donde esté, como esté, yo, pobre pecador, sin carisma, puedo recibir las mismas gracias del cielo que Vicka, Marija, Mirjana, Ivan , Jackov o Ivanka…
Los videntes oyen decir con frcuencia. “¡Qué suerte tienes tú de ver a la Santísima Virgen! ¡Qué felicidad debe ser ¡ Ah, si esto pudiera sucederme a mí!” Hablé del tema con Vicka:
-Vicka, cuando ves a la Gospa, ¿recibes tú gracias particulares? -Sí, la Virgen ha dicho que ella nos daba gracias como nunca antes lo había hecho en la historia de la humanidad. –Y yo que no veo nada, ¿recibiré menos gracias que tú que eres vidente, a pesar de que yo abra bien grande mi corazón?- – ¡Pero no! Si tú abres bien tu corazón, ella te dará las mismas gracias que a mí; ella lo dijo. Nosotros no somos mejores que los demás… A la Gospa le gusta mucho que la gente venga a Medjugorje, porque ella hizo de este lugar un oasis de paz al que nos invita. Pero si tú no puedes verdaderamente venir abres bien grande tu corazón en el momento en que ella aparece, por supuesto recibirá las mismas gracias que nosotros los videntes, adonde te encuentres.
Entonces, la conclusión es clara: las visitaciones de María, con el fantástico capital de gracias que estas nos ofrecen, no son reservadas para algunos pocos elegidos. ¡No!, son para cada uno de nosotros , para usted, querido lector , para su familia, para todos aquellos que, a la hora de la aparición, abran las puertas más íntimas de su corazón.
A las 18:40, cuando la Virgen desciende para conversar con los hijos de los hombres y orar con ellos, aquellos que lo desean pueden detenerse unos minutos, donde estén, para acogerla de manera muy especial, en comunión con Medjugorje y con esas millares de personas que , en muchos lugares del mundo, ya viven este encuentro (¡la alarma de algunos relojes ya comienza a sonar!) Y día a día, cada 24 horas, suceden para ellos cosas extraordinarias que varios libros no podrían contener todos los testimonios. Qué alegría, en efecto, cuando cada día puedo hundir mi corazón en de mi Madre María, con la seguridad de que ella volverá en 24 horas, que mi soledad ya no existe, que soy cada día como una prima Isabel que exclama: “¿Quién soy yo para que la Madre de mi Señor venga a visitarme?”
Qué alegría poder ofrecerle cada día un regalito, decidir con ella qué pequeña cosa muy concreta voy a tratar de vencer en mí. Soy esclavo del cigarrillo, del alcohol, o de imágenes “porno…¡puedo renunciar a esto por 24 horas! Si le pego a mi mujer (o viceversa) ¡puedo dejar de hacerlo por 24 horas!
Yo sé que soy demasiado débil para prometer un esfuerzo por tres meses; y ni siquiera por un mes. Pero un lapso de 24 horas está perfectamente dentro de mis posibilidades. Ella lo sabe muy bien; es por eso que dice con frecuencia: De día en día, el amor crecerá en ustedes. Estoy con ustedes para ayudarlos a realizarlo hasta la plenitud.
De día en día es su leimotiv; 24 horas, su unidad de tiempo. Madre Teresa también nos focalizaba sobre ese “hoy” como punto de impacto de la gracia: “Ayer ya pasó, mañana no ha llegado, sólo tengo hoy para amar”
En cada una de las visitaciones, María toma nuestro corazón para imprimir en él su inefable belleza…Les pido que me den su corazón para que yo pueda transformarlo, a fin de que sea semejante al mío, dice ella.
La Virgen se apodera de nuestro regalito prometido la víspera con la avidez del amor. Entonces ella realiza en nosotros un trabajo inaudito: Quiero purificarlos de las consecuencias de sus pecados pasados, quiero enriquecerlos con mi paz maternal.
La que viene a mí, es la Mujer que aplasta la cabeza de la serpiente. Es ella ante quien tiemblan los poderes infernales y todos los demonios, porque ella es la Inmaculada y ha recibido la gracia de vencer a Satanás.
En cada uno de mis encuentros, recibo a Aquella que es más poderosa que el mal que habita en mí. Ella lo arrancará de raíz.
Sufrimos todos de una buena falta de exorcistas, en todo lugar. Con la proliferación de prácticas satánicas conscientes o inconscientes, cada vez más personas son profundamente torturadas por los poderes de las tinieblas. ¿Y quién acude para acogerlas, escucharlas, socorrerlas? ¿Dónde? ¿Cómo? ¡Sus voces claman en el desierto! He aquí que nuestra Madre responde. Ella no abandona a sus hijos a la triste suerte que el ateísmo ambiental les reserva. Durante estos encuentros con la Reina de la Paz, los más hermosos exorcismos se producen, como por encanto. ¡Lo que un psiquiatra no obtiene en diez años, María lo realiza en un segundo! ¡Ella es Reina!
Su sufrimiento es también el mío (abril 1992) Queridos hijos, ustedes han olvidado que les pido sacrificios para ayudarlos y para ahuyentar a Satanás lejos de ustedes (septiembre 1986)
Po r otra parte, estas venidas de María son un eficaz antídoto contra las confusiones de la Nueva Era que niega la encarnación de Dios. En Medjugorje, se descubre la realidad de la vida espiritual. María “tiene los pies sobre la tierra”. Ella nos inserta en lo concreto de la vida, bajo la mirada del Dios Viviente y no de una energía impersonal. Esto es una gran liberación, frente a la New Age que no posee ningún dios en especial.
Sor Emmanuel
De su libro “Medjugorje, el triunfo del corazón”









