Es tan fácil caer en la religión del mito. Jesús ya nos alertaba sobre la idolatría, pues uno de los principales problemas religiosos en el mundo. Este es un riesgo que todos corremos, cuando nuestra admiración por alguien se vuelve esencial, puesto encima de todo, en términos de importancia, de Aquel a quien anunciamos. Decepcionate conmigo, pero no con Aquel a quien anuncio.
Tenemos que vivir una religión que sea capaz de mover las estructuras de nuestra conciencia a tal punto de hacernos despertar para todo aquello por el cual dormíamos y no sabíamos que existía dentro de nosotros. Ya estábamos inconscientes y acostumbrados con nuestra forma celosa de amar, con nuestra forma egoísta de poseer a las personas, creyendo que eso era amar. Hasta que un día una palabra profética abaló las estructuras de nuestra vida y nos incomodó.
Una palabra profética tiene el poder de despertar a los sordos y a aquellos que están durmiendo y que ya no escuchan nada, en un sueño letárgico o hasta en un cumplimiento de rituales infértiles, que ya no sirven de nada para nuestra salvación.
Es la continuidad de la Santa Misa que nos salva, es la historia que queda diferente en cada comunión comulgada, en cada mesa compartida, en cada confesión realizada, es la que sigue a partir de ahí la que nos salva. El sacramento no es mágica de un momento, pero es la continuidad de la vida que va siendo incorporada, porque el sacramento se realizó en nosotros.
Jesús nos dice: “No vengas a decirme lo que hacías antes, no me importa lo que hacías. Me importa lo que tú eras. Lo que hace diferencia para mí es cuánto mi Palabra consiguió transformar tu corazón a tal punto de transformarte en una persona mejor”.
Humanidad es esto: Es traer a la luz del Resucitado para hacernos ver que hay mucho para ser limpio en nuestro interior. El anuncio del Evangelio es para aprender que no tenemos que quedarnos con la suciedad y las impurezas.
La religión que Jesús quiere de nosotros es ésta: Que pongamos nuestros ojos en el cielo, que busquemos el cielo.
No puedes quedarte parado en el “calvario de tu vida”, todos pasamos por esto. O ¿crees que serás santo sin sacrificio? La semilla pasa por un proceso de crecimiento, pero ella sabe que si no pasa por eso, no alcanzará su objetivo.
El dolor es la preparación. Tu dolor no puede ser en vano. ¿Qué haces con tu sufrimiento? O el dolor me destruye o la transformo en proceso de resurrección.
Nuestra vida es un desafío diario. Es un lapidar constante, quitando todo lo que es exceso en nosotros. Si yo no hubiese sufrido de la forma en que sufrí, si no hubiese amado de la forma que amé, no tendría nada para contarles.
No sientas vergüenza de lo que sufriste, porque después que pasaste por aquel momento, sabes que sufriste para llegar a donde llegaste.
Padre Fabio de Melo










09/11/2009 às 10:11
Amén! si hoy no pasamos por todo esto (tu situación, qué testimonio pensamos dar mañana?? me parece un lindo punto de vista! muy ungido!!!
Ánimo! luchar contra la corriente no es fácil!!! pero es y será recompensado!
bendiciones!